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Carlos y el fin de los clásicos de Mansillla

Carlos y el fin de los clásicos de Mansillla

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Carlos 'el del Mansillés', una institución en la localidad, un tipo entrañable y singular que ha fallecido con solo 62 años. | TOÑO G. CEBALLOS Ampliar imagen Carlos 'el del Mansillés', una institución en la localidad, un tipo entrañable y singular que ha fallecido con solo 62 años. | TOÑO G. CEBALLOS
Fulgencio Fernández | 28/02/2021 A A
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Carlos y el fin de los clásicos de Mansillla
LNC Domingo El bar Mansillés era uno de los clásicos de Mansilla de las Mulas, llevaba un tiempo cerrado por enfermedad del singular Carlos, su dueño, y su fallecimiento lo aboca al cierre
Era un acto al que nunca faltaba Carlos el del Mansillés, acudir con los colegas de la Cofradía de la Capa (Santa Eugenia y las Ánimas de nombre oficial) a algún acto de Semana Santa. Ya andaba enfermo y nada más salir encendió su cigarro.

- ¿Porqué fumas Carlos?
- Porque tengo tabaco.

Carlos Manuel González Llorente en estado puro. Se ha ido esta semana con tan solo 62 años de edad y deja un hueco difícil de llenar en la hostelería y en el paisanaje de Mansilla. Este cantinero de la conocida familia de los Llorente —sobrino del cronista oficial de Mansilla, Félix Llorente —era un personaje de esos insustituibles, presente en todas las conversaciones, con un anecdotario que llega hasta donde lo quieras extender.

La verdad es que era una gozada la conversación sosegada con él. Lo de sosegada era inherente a su condición tranquila y siempre con una sonrisa al biés. Pocas cosas más agradables que escucharle los avatares de su vida, que fueron muchos, sus viajes a Brasil, sus anécdotas en el Mansillés, su escudo de la Cultural boca abajo, otro platín de unas aceitunas como no hay otras, su punto de encuentro para gentes tan diversas como los poetas Morala, Eloísa Otero y Zapico o el párroco de Mansilla que acudía a jugar la partida en las históricas mesas, Domingo del Blanco, junto a las señoras de la partida de la tarde o los futboleros que se repartían entre las dos televisiones. Y en los últimos años Isidro, el de la Peña del Atlético de Bilbao, que le dejó como herencia un piano que dio pie a la creación del Rincón del Mansillés, con sus conciertos, recitales... y las sopas de ajo que para la ocasión preparaba Carlos.

- Nos vamos Carlos.
- Falta la última, que invita la casa.
- Ya tomamos una copa y va a haber control.
- Ya cuento yo con eso, cargué poco y en esta calculo justo para no dar.
- Vale.

Y doy fe, con el enredabailes Gari. La tomamos. Nos paró la guardia civil en Puente Villarente.

- Es un control de alcoholemia, ¿quiere soplar?
- Qué remedio.
Cogió el guardia la máquina y preguntó, dando mucho miedo.
- ¿Ha bebido?
- Me han dicho que lo justo.
- Justo no, justísimo, una décima más y da positivo. Siga.

Un tipo singular, para recordar y querer. Uno de esos personajes que echas de menos cuando la enfermedad le aleja del bar y lo encuentras por la calle, tal vez camino de la biblioteca pues había recuperado su vieja afición a la lectura, con gustos particulares como los del ‘hospiciano’ Agustín Molleda, que contaba sus recuerdos de niño en San Cayetano; u otros de todo tipo. «Le gustaba mucho leer, de siempre recordaban en su familia», pero ya se sabe que los bares son muy absorbentes.

Y, como mal añadido, con la muerte de Carlos baja definitivamente la trapa uno de los grandes clásicos de la localidad, en Mansillés y su artístico cartel que lamento ahora no recordar quién lo había realizado, siempre lo contaba el bueno de Carlos.

Malos tiempos para la histórica hostelería de Mansilla de las Mulas, que vienen ya de antes de la pandemia. Había cerrado sus puertas Casa Marcelo —baste recordar que contaban que en la Feria de San Martín daban mil comidas— y poco después lo hizo el otro templo del buen bacalao, el Bar Olmo, con Gracita a los mandos y todos los secretos de este plato. En éste caso su dueña y cocinera se retiró y nadie cogió el testigo y en el caso de Casa Marcelo parece que las sucesoras se planteaban una reforma y hace unos días se hundió.

Habría que añadir que el viejo hórreo, el original, también lleva un buen número de meses cerrado y en la pandemia también tiene la trapa bajada el San Martín, aunque en este caso tal vez no sea definitivo, sino un afectado más de estos tiempos negros que Carlos el del Mansillés, Carlos Manuel González Llorente ya no quiso ver. Y se fue. Fumando.
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