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Cantar en el ansia

Cantar en el ansia

OPINIóN IR

03/08/2020 A A
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Cantar en el ansia
Entre los males adyacentes que ha traído el Covid 19, está el ‘Síndrome del corazón roto’ una miocardiopatía producida por el estrés y la angustia física y emocional consecuencia del dilatado enclaustramiento. Estar ansiosos, comer con ansia, eran asuntos domésticos en nuestra infancia. El tío Pío y el Sr. Cura de Valdehalcón discutían con ansia si San Adriano había estado de verdad debajo de la escalera tanto tiempo como escriben sus biógrafos (¡Oh, mártir San Adriano, alcánzanos de Dios, horror sumo al pecado, fe viva y puro amor!) Y, en Vidanes, Escarpinones discutía con ansia si su juramento preferido «Me cago en el cielo la boca un burro» era pecado de confesión o un simple e inocente desahogo. Pero de ahí no pasaban.

No habíamos llegado todavía a leer el Quijote de Cervantes y, por tanto, a saber que «cantar en el ansia» era «hablar en el tormento» especialmente si era la Santa Inquisición la que te había atrapado tachándote de hereje. En el capítulo 22 de la 1ª parte, cuando Don Quijote se encuentra con los que vuelven de galeras, les va preguntando por sus desventuras, y qué es eso de cantar en el ansia: «Señor caballero, cantar en el ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su delito, que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, y por haber confesado le condenaron por seis años a galeras, amén de doscientos azotes que ya lleva en las espaldas; y va siempre pensativo y triste porque los demás ladrones que allá quedan y aquí van le maltratan y aniquilan y escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo de decir nones».

Esta miocardiopatía de Takotsubo, que se traduce en dolor en el pecho y dificultad para respirar, no lo sentimos más que los de la mascarilla y los ERTE, los de familiares en la Residencia de Ancianos, los «ansiosos» en general, y entre los que no se encuentran demasiados políticos, casi todos los separatistas, algunos obispos, y todos los ocupas en el más amplio sentido de la palabra. Pero, para ansia, aquella de entonces. Con ansia comíamos las sopas de pan en la cazuela perigüela por turno todos los hermanos, cada cual con su cuchara de madera, y respetando el turno con absoluta puntualidad. Ansiosos de libertad no por ello dejábamos de cantar aquellas bellas canciones que hablaban de pastores que se iban para Extremadura dejando en los corazones de las mozas una especie de miocardiopatía que a algunas todavía les dura.

Todo depende del tipo de ansia.
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