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Camposolillo: el triste destino de la aldea mágica

Camposolillo: el triste destino de la aldea mágica

CULTURAS IR

La iglesia de Camposilillo comida por la maleza, sólo la cigüeña aguanta en lo más alto de la torre. Abajo, una imagen antigua del pueblo. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen La iglesia de Camposilillo comida por la maleza, sólo la cigüeña aguanta en lo más alto de la torre. Abajo, una imagen antigua del pueblo. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 26/05/2019 A A
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Camposolillo: el triste destino de la aldea mágica
LNC Domingo El pueblo ‘salvado de las aguas’ del pantano de Vegamián pero expropiado y "vaciado", revivió en los años 90 con un proyecto de recuperación y futura repoblación que tan solo duró dos años... Otra historia fallida contra la despoblación
Al calor de las tragedias de comarcas o sectores siempre siembran sueños... que la mayoría de las veces se desvanecen de manera cruel. Uno de ellos fue el pueblo de Camposolillo, en la cola del pantano de Vegamián, y el sueño llegó en los años 90, la recuperación primero de las casas con fines turísticos y, sobre todo, de repoblación con jóvenes. Un proyecto que visitó el entonces presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, y lo definió como «la aldea mágica».

La realidad es, hoy, la aldea perdida, olvidada, un montón de piedras y no todas pues las más bellas fueron llevadas a otras casas y proyectos.

Camposolillo se expropió pero no llegó el agua a las casas, mucha gente iba a hacer turismo Camposolillo ha vuelto a ser un recuerdo que vive, fundamentalmente, en la memoria de quienes fueron sus habitantes y sus descendientes, que se siguen reuniendo. Y de Antonio El Hojalatero, que siguió viviendo allí largas temporadas, entre las ruinas, hasta su muerte en el año 2006.

Camposolillo tampoco es nada. De hecho después del fallido proyecto de ‘la aldea mágica’ el INE le dio de baja como entidad. Fin y ortigas. Tal vez convenga recordarlo ahora que con el final de la minería existe la tendencia de sembrar nuevos sueños.

En la actualidad, sólo una joven pareja aprovecha con su ganado los pastos que saca a subasta Confederación. Unas naves recuerdan, antes de llegar al pueblo (en Vega Namón), otro proyecto fallido, en este caso de la potente empresa Valles del Esla (del grupo Eulen de David Álvarez), que en nada ayudó al proyecto anterior.

Proyecto Camposolillo

Camposolillo se salvó de las aguas del pantano de Vegamián, aunque «el nivel máximo teórico del embalse alcanzaba a las casas del sur del pueblo», por lo que fue expropiado y los vecinos debían abandonar el pueblo. La mayoría se fueron pero algunos siguieron viviendo allí un tiempo en una especie de situación ‘alegal’ como la que se vivió en Riaño desde la expropiación al cierre. Pero la vida se complicaba, el agua sí tapaba los mejores pastos, las comunicaciones se deterioraban y por supuesto no eran reparadas, siendo posible llegar en coche tan solo hasta la altura de la tristemente famosa Mina Abandonada, en la que murieron once jóvenes mineros, todos ellos vecinos de la comarca, en 1948 a causa de una explosión de grisú. De esta tragedia los últimos vecinos repiten la historia de Amable, hijo de Fili, que se salvó de la muerte y llegó hasta el pueblo para pedir auxilio, en bicicleta, y absolutamente tiznado por la explosión. Una imagen para no olvidar.

Lo que sí se comprobaba era que había muchos turistas que visitaban el paraje, paseaban por un Camposolillo abandonado y sus alrededores, especialmente a raíz de la película ‘El Filandón’, en la que la historia que cuenta Julio Llamazares se desarrolla en el fondo de este pantano en una ocasión que fue desembalsado y dejó sus tripas al aire.

Y así llegó el ambicioso e ilusionante Proyecto Camposolillo, de la mano de CCOO de Valladolid, en los años 90. Un campo de trabajo en el que además de la recuperación de las viviendas la calle principal sería un camino peatonal; se abriría una carretera que llegaría a Utrero, cuyas casas también se pretendía recuperar.

El director de esta Escuela Taller era el artista y especialista en arquitectura tradicional Diego Segura, que trabajaba con un representante de CCOO llegado de Valladolid, Eloy Míguez, que después siguió viviendo un tiempo en Camposolillo y finalmente se asentó en Puebla de Lillo.

Pasó un poco de todo, hubo tensiones en CC.OO. entre Valladolid y León, no se realizó una apuesta firme; se instaló Valles del Esla muy cerca y no ayudó; la despoblación...El inicio fue ilusionante. Confederación (CHD), titular del pueblo desde la expropiación, hizo una cesión a CCOO de Valladolid por cien años, se apuntaron muchos jóvenes a aquel Campo de trabajo y se restauraron las primeras casas en los dos años que duró el proyecto, concretamente la Casa de Tomás, que se convirtió en la sede del proyecto, se inició la restauración de la Casa de Alfredo y se retejaron y restauraron varios tejados.

Fue cuando se recibió la visita del presidente de la Junta, Juan José Lucas, acompañado de la delegada territorial, Isabel Carrasco, el todavía hoy alcalde de Lillo, Pedro Vicente, y las gentes del proyecto: Fue entonces cuando Juan José Lucas habló de «la aldea mágica».

Diego Segura recuerda aquellos dos años (desde diciembre del 94 en adelante) como muy ilusionantes y el proyecto, del que guarda planos, fotografías y documentos, un modelo a seguir. Realmente era similar a otro aplicado, con mejor suerte final, en la localidad oscense de Morillo de Tous, que en la actualidad sigue siendo un centro de vacaciones que ofrece a sus afiliados CC.OO.

Sin embargo, Diego Segura recuerda que según iba avanzando crecían nuevas ideas. «La idea central era restaurar nuevas casas, ofrecérselas a gente joven que se quisiera asentar en aquel valle en el que no faltaban terrenos, y si se quedaban cinco años en ellas y ponían en marcha un proyecto iban pasando a ser de su titularidad. En definitiva, darle vida, asentar población estable, al margen de que en la primera casa restaurada se mantuviera una especie de albergue para Comisiones Obreras; que después fue lo único que funcionó durante algún tiempo... Y finalmente nada. Es una pena, era un proyecto tan práctico como realizable».

No tiene claro Segura los motivos que fueron apagando aquel fuego de la aldea mágica. «El proyecto de Comisiones se pilotaba desde Valladolid y hubo momentos en los que no había buena sintonía con el sindicato en León; después apareció el proyecto de Valles del Esla allí al lado y no se puede decir que llegaran precisamente con la idea de colaborar; después la desidia habitual, la despoblación... una pena», concluye este artista que acaba de regresar a su residencia habitual en Genicera.

Y los últimos habitantes de Camposolillo ironizan: «Al final, sólo aguantamos los pastores».
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