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Calor

Calor

OPINIóN IR

24/07/2022 A A
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Calor
La principal virtud del calor, casi la única cuando se pone tonto, es que nos anima a añorar el frío. Es lo que ha sucedido y sobre lo que mucho se ha hablado a partir de que se encendiera el verano. Desde el enclaustramiento en el interior de las casas en pos de la frescura, el calor nos ha servido también para repensar lecturas, películas y canciones tórridas que nunca creímos llegar a protagonizar, aunque ahora ese aire cargado de grados y los sudores que nos empapan parecen más que propicios para ello. Ilusiones.

No, nunca seremos ni William Hurt ni Kathleen Turner por mucho fuego en el cuerpo que acumulemos, real y figurado, ni las riberas del Bernesga o del Torío se parecerán en absoluto a las costas húmedas de Florida. Ni por lo más mínimo simularemos ser un remedo de Bogart y Hepburn navegando a duras penas hacia el lago Victoria entre un mar de mosquitos y de sanguijuelas. No, nunca tendremos una gata sobre el tejado de zinc, ni viajaremos en un tranvía llamado deseo ni afrontaremos un duelo al sol. Por mucho que sudemos nunca sudaremos como suda Marlon Brando. Podremos, sí, leer El gran Gatsby o Muerte en Venecia o El extranjero y sentirnos un poco Faulkner o un poco Camus, aunque nunca alcanzaremos su altura. Ni sudando la gota gorda. En fin, no faltarán en nuestra lista de canciones las inevitables Mucho mejor de Los Rodríguez, Heat Wave de Ella Fitzgerald o la Escuela de calor de Radio Futura, cualquiera de ellas antes que las etiquetadas como canciones del verano, qué sé yo, Burn de Deep Purple o California Sun de Los Ramones.

De todos modos, entre el campo léxico del calor sólo una palabra sobresale gracias a su polisemia: cálido. Sobresale, digo, por lo afectuoso, no por su significado más primario. Se nos ofrece, pues, la posibilidad de frecuentar lo amigable y lo afectivo, cualidades indispensables para soportar el ardor extremo en que vivimos, no sólo en verano, esos fuegos intencionados que abrasan los espacios naturales de nuestra existencia.
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