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El calderero que hace aviones... de madera

El calderero que hace aviones... de madera

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Ignacio ‘traslada’ el Eurofighter hacia una mesa en la que ya está el Hércules que le animó a hacer aviones... y su \ Ampliar imagen Ignacio ‘traslada’ el Eurofighter hacia una mesa en la que ya está el Hércules que le animó a hacer aviones... y su \"pasión por el aire\". | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 14/02/2021 A A
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El calderero que hace aviones... de madera
LNC Domingo Ignacio García trabajó toda su vida de calderero, por toda España, y al retirarse y regresar a Barrillos de Curueño se ha dedicado a hacer piezas de madera que son verdaderas joyas, del Guernica de Picasso al calendario agrícola o una colección de aviones
La casa de Ignacio, en Barrillos de Curueño —y que prácticamente se construyó él entera— es una continua sorpresa... en madera. Y un viaje por el tiempo y los espacios más diversos, del calendario agrícola de San Isidoro de León al Guernica de Picasso y el Reina Sofía, una colección de aviones con el Eurofighter o un F18 de increible fidelidad, cantimploras antiguas en la que se llevaba la comida a los pastores, madreñas, cachas, cacharros, el escudo de León o el de su apellido (García) y el de su mujer (Manzano o un ajedrez en piezas claras y oscuras, según las maderas que utilizó...) «Las blancas están hechas de madera de fresno y las negras de nogal, todo madera del país, que es la que utilizo para mis cosas»

- Todo en madera, ¿pero tú no fuiste de «los compañeros del metal» como se dice siempre, concretamente calderero?

- Toda la vida, laboral, fui calderero pero después de jubilado me dediqué a la madera. Es más agradecida y para trabajar en metal necesitaría muchas herramientas especiales que tenía en las empresas que trabajé y aquí no.

Ignacio García Rodríguez, como se ha dicho, fue calderero, un oficio poco habitual en la provincia de León, muy demandado y que le llevó a trabajar por prácticamente todo el país.

- ¿Cómo se hace calderero alguien de Barrillos de Curueño?

- Bueno; yo soy de La Ercina, de Barrillos es Ana, mi mujer, pero es lo mismo, tampoco allí era habitual este oficio. Lo que ocurrió es que emigré muy joven al País Vasco, con 14 años ya me puse a trabajar, primero estuve en otra fábrica pero me di cuenta que los caldereros estaban muy solicitados y se ganaban perras... que entonces era de lo que se trataba.

Y con ese oficio empezó Ignacio un largo periplo por prácticamente todo el país — «estábamos muy solicitados»— que le llevó desde la Base Aerea de Morón de la Frontera a un buen número de centrales nucleares y térmicas o, incluso, Antibióticos de León y el famoso túnel del AVE. «¡Qué pena lo que ha ocurrido con Antibióticos!, estuvimos allí bastante tiempo y era una empresa puntera a nivel mundial. Era espectacular, tenían hasta seguridad propia. Después llegó todo este lío de ventas, nuevos dueños... y ya no es lo mismo, ni comparación».

Se le nota a Ignacio una especial ‘querencia’ a la colección de aviones que tiene y él lo confirma. «Hice la mili en Aviación, en La Virgen del Camino, después estuve en Morón e, incluso, a punto de quedarme en el Ejército pero entonces no era como ahora. Y después siempre me ha seguido interesando todo el mundo de la aviación, y esas cosas».

Y esa afición le llevó a bajar hasta León para ver una exposición que se mostraba en Botines y... «entre las reproducciones estaba la de un Hércules que no me gustó, no era muy fiel al real y me dije: ‘esto lo hago yo mejor’;  volví para Barrillos y me puse con ello». Y saca unas fotos que hizo en aquella exposición, otras de los aviones Hércules y su avión para ir mostrando todas las diferencias... mientras en las paredes tiene colgados los planos de los aviones que ha ido creando. «Antes de ponerme siempre leo, me hago con los planos, me los busca un hijo, saco las proporciones y ya me pongo con ellos».

- ¿Y este de metal, la única pieza que no es de madera?

- Bueno, fui calderero y sé hacerlo. Es un F18. Es de acero inoxidable y no es que no lo quiera trabajar pero necesitaría las herramientas que tenía en la empresa y no es posible.
De los trabajos ‘mayores’ —no se si los hay menores—el más antiguo es el ajedrez y la caja que custodia las piezas. «Lo empecé al jubilarme, hará 11 años, me llevó horas, si lo hiciera ahora tardaría mucho menos. Como en todo, vas aprendiendo». Y no solo con la práctica, Ignacio estuvo un año acudiendo al Centro de los Oficios como alumno y se dio de que «no se le daba mal... fue muy provechoso aquel año».

- ¿Cuántas horas lleva cada uno de estos trabajos?

- Las que necesite... quiero decir que muchas. Las apunto en una libreta por curiosidad, pero en estas cosas que haces por gusto no puedes mirar el reloj, lo que tienes que mirar es que queden bien.

Y para ello no escatima ni horas ni documentación. «Cuando hice el Guernica me picó la curiosidad y fui a Madrid para verlo en el Museo. Y allí me lo explicaron todo y ahora parece que me gusta más cómo ha quedado, será porque lo entiendo».

Sale con nosotros y hasta el número de la casa —38 Bis— lleva la mano de este obrero del metal y artesano de la madera que tiene otra preocupación: «Y este año, ¿otra vez sin corros de lucha?».

- Si se pudieran hacer en madera tendría más fe en que los hubiera; le digo.
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