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Caín... de Arriba: la maravilla del amanecer

Caín... de Arriba: la maravilla del amanecer

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La familia de Manuel Pérez y Rosalía P. Gaos, los últimos habitantes del poblado de Caín de Arriba. :: FOTOS CEDIDAS POR ÁNGELES, ROSA PÉREZ Y ESTER ROJO Ampliar imagen La familia de Manuel Pérez y Rosalía P. Gaos, los últimos habitantes del poblado de Caín de Arriba. :: FOTOS CEDIDAS POR ÁNGELES, ROSA PÉREZ Y ESTER ROJO
Fulgencio Fernández | 05/04/2021 A A
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Caín... de Arriba: la maravilla del amanecer
Tesoros de los lunes Nino Fernández, presidente de Pro Monumenta, recupera hoy un rincón casi legendario, Caín de Arriba, el primitivo y duro poblado de Caín
Marcelino Fernández, Nino para todos, es un nombre que desde hace muchos se asocia a Pro Monumenta, ese ejemplar colectivo que se ha empeñado en defender el patrimonio leonés contra viento y marea de manera altruista, peleando en las administraciones, denunciando en su revista, haciendo hacenderas de limpieza..., lo que Nino dice en bromas «dando cabezazos contra la pared».

Pero no ceden. Al menos él que lleva media vida en ello.

Si alguien es el presidente de esta Asociación, Nino lo es, ya dice mucho de él; por ejemplo, que da mucho y no espera nada, que se desvela por lo de todos, que puede dedicar un día a llamar a los alcaldes para que no se les olvide pedir la ayuda para su castillo o casona o qué sé yo... Y también, que en esos ‘ires y venires’ acaba conociendo la provincia como pocos.

Es, por ello, Nino un personaje muy apropiado para que nos lleve a un rincón, a un lugar especial y que para él signifique algo. Por su cargo y las preocupaciones de Pro Monumenta podríamos pensar en Sandoval, Sarracín, San Esteban de Nogales, Lancia... pero no. Nos sorprende y para bien.

- ¿Ya sabes Nino donde nos llevas?
- Lo tengo muy claro, a Caín de Arriba.
- ¿De Arriba?
- Al primitivo, el originario. Si es duro el actual, imagina. Lo abandonaron la mayoría de sus habitantes hacia 1900 para bajar al actual Caín.
- Entonces no lo conociste.
- He dicho la mayoría... una familia resistió allí hasta los años 80 y tuve la inmensa suerte de ser su amigo. En los años 70 yo era un asiduo de Caín y la casa de Manolo era como la segunda mía. Cuántas noches subía con Pedro Cuevas hacia las 11 y nos daban allí las tres de la mañana escuchando historias mágicas, reales, recuerdos... a Manolo le gustaban las historias de los moros.

La familia que quedó en Caín de Arriba era la de Manolo Pérez Cuevas y Rosalía Pérez Gaos, con sus tres hijos: Ángeles, María Rosa y Miguel Pérez Pérez. «Allí, en el puerto de los Mesones, tenía Manolo la majada de las cabras. No era nada fácil sobrevivir allí pero eran muy duros y muy apegados a su tierra, que lo entiendo. El paraje es espectacular, fascinante, yo te puedo decir que he visto allí los amaneceres más bellos que puedas imaginar; sinceramente no tengo palabras para explicarlo. Hay que verlos».

- ¿Cómo era la dureza de aquel poblado, de aquella naturaleza?
- Uff. Te podría contar; pero con un ejemplo tendrás suficiente para entenderlo. Un día vimos a alguien que subía con algo a cuestas, como un bulto. Cuando se fue acercando vimos que era Manolo con un saco. La sorpresa fue comprobar que traía el saco lleno... de nieve».

La explicación es que en la majada que tenía en el Puerto de los Mesones no tenía agua y las cabras necesitaban beber. «Entonces lo que hacía Manolo era ir con un saco hasta un nevero, allí lo cargaba y llevaba hasta los bebederos para que tuvieran agua las cabras. Y cuando la acababan otra vez el mismo proceso... Así de complicada era la vida en estos lugares».

Y a pesar de ello la familia de Rosalía y Manolo se resistieron a abandonar Caín de Arriba hasta los años 80... y a regañadientes. «El que menos quería era su hijo Miguel. Y después de bajar fue cuando murió despeñado».

Se cumplió allí esa leyenda que dice que «los cainejos no mueren, se despeñan», incluso es famoso el llamado Sedo de los Muertos, en la zona alta del canal de Mesones, donde se ubica el dicho de que «un muerto mató a tres» pues ocurrió que se despeñó un hombre, subieron tres vecinos con parihuelas para rescatarlo y también se despeñaron y murieron.

- ¿Ya no existe el poblado?
- Sí. Muchas casas están en ruinas pero algunos antiguos habitantes han restaurado las suyas y pasan unos días en verano o vacaciones.
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