Publicidad
Caerá la maldición

Caerá la maldición

OPINIóN IR

25/11/2022 A A
Imprimir
Caerá la maldición
Mi tío J. era un tipo brillante y se dedicaba a curar locos. Tenía un defecto: era débil y desconfiaba de la bondad. Un día enviudó y en su vida rápidamente se coló F. F., una mujer siniestra que tenía una fuerza: la maldad o la avaricia o quizá no se pueda ser avara sin ser malvada. J. y F. se encontraron en un funeral. F. era hija única de padres avaros, toda la vida sin hablarse con un hermano por un quítame acá unas tierras. En el pueblo se llevaba mal con todos. J. le decía a mi padre que tenía un carácter infernal, que lo maltrataba. Mi padre le aconsejó mandarla a la mierda. J. desoyó el consejo.

Un día J. enfermó de cáncer. F. dijo que no podía hacerse cargo. Mi tío llegó de EE UU con casi 80 años para hacerse cargo. F. dijo que había que meterlo en una residencia. Mi tío de EE UU buscó residencias en el pueblo. F. dijo que el pueblo estaba demasiado cerca. Se buscó residencia en las afueras de León. Mientras tanto, mi tío de EE UU cuidaba a su hermano en casa de F. Ella no le permitía ducharse y le hacía dormir en el sofá. J. ingresó en la residencia. Mi padre, ya enfermo, iba a verlo, tenía que cambiar de autobús dos veces y llegaba sin aliento. Mi tía iba a verlo. Todos íbamos a verlo. Excepto F.

Mi padre murió (se hace un silencio). J. seguía en la residencia. Yo le llevaba a Pequeño Zar, el único que parecía hacerle feliz. Luego empezó a ir cuesta abajo. Mi tío llegó de EE UU y se quedaba a dormir con él. J. lo llamaba inútil, tonto. Estaba rabioso. Yo nunca había visto a nadie acercarse así a la muerte, con esa rabia. F. no aparecía. Mi tío murió y F. no envió flores, ni pagó el funeral. Lo enterramos en la tumba familiar. Cuando abrimos el testamento, se lo había dejado todo a F. (aquí, otro silencio). Dinero, casas y, sobre todo, el piso donde vivieron mis abuelos. Los muebles de mis abuelos. Ahora F. ha puesto el piso a la venta en La Bañeza. Vendrá una persona de fuera y se instalará en nuestro pasado, haciéndolo pedazos. Pero lo que F. no sabe ni esa persona tampoco, es que el piso está embrujado. Que la debilidad de J. y la maldad de F. lo ha envenenado. Que anida algo tóxico en él: el no-amor. Que anida en él una persona que murió con odio en el pecho. Creo que no hay peor maldición. A veces oigo las moscas zumbar en las ventanas de ese piso, y sé que salen de los pedazos del corazón podrido de F. Al que habite esa casa, le caerá encima esa maldición.
Volver arriba

Newsletter