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Caciques y pontífices

Caciques y pontífices

EL BIERZO IR

Caciques y pontífices. | CASIMIRO MARTINFERRE Ampliar imagen Caciques y pontífices. | CASIMIRO MARTINFERRE
Casimiro Martinferre | 19/07/2015 A A
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Caciques y pontífices
Territorio. Capítulo 42 Lleva incrustados en los huesos los mandamientos con que le atruenan las laderas, lo alienan, lo tumban sobre el sembrado, le restriegan el rosto por los surcos
- ¡A lo tuyo. Apenca, echa el bofe. No repliques, o atente a las consecuencias!

El segador mira de soslayo hacia la cumbre vecina, el monte de las águilas, sin atreverse a levantar la vista. Las ingentes laderas atruenan, le cargan los oídos y las espaldas hasta reventarle. La misma carga que soportaron sus abuelos. Lleva incrustados en los huesos los mandamientos con que le atruenan las laderas, lo alienan, lo tumban sobre el sembrado, le restriegan el rostro por los surcos. Bilis, sangre y saliva mezclados con barro, pero no lágrimas.

-¡Siega, esfuérzate. Gana el pan con el sudor de tu frente. Obedece, sin rechistar. Silencio, o te lapidará la ira divina!
Sobre la cumbre del monte de las águilas, las ruinas de una ermita. Siglos atrás,  en ella falleció el señor feudal, venerable anciano al que encontraron con la cruz junto a los labios. Sus últimos años los había dedicado a rezar, disponer el alma para su ingreso en el cielo. Cuando estuviera ascendiendo a la eternidad, le ofrendaría a Dios las riquezas de los abusos y los saqueos,  más  una tizona ensangrentada en infieles.

Bajo la cumbre, el monasterio. Bajo el monasterio, los siervos.

-¡Reza, celebra el sudor de tu frente. Calla y acata, manso. Cría  hijos, para que laboren y enriquezcan la obra del Altísimo, empuñen crucifijo y daga. Te revuelves: al infierno!

Le habían inculcado renuncia, sufrimiento, castigo. Reflexionaba doblado, sin atreverse a levantar la mirada, deslizando el corte de la guadaña como por cuellos imaginarios.

-No podemos vivir con miedo; con miedo, se malvive. Mis sucesores conocerán la libertad. Desatarán los yugos donde les aprisionen caciques y pontífices. Dejarán de ser esclavos, serán simplemente personas. Sin grilletes en los pies, ni en la cabeza. Nadie acallará su voz. Ninguna doctrina los doblegará, ni patrón, ni usurero.  Independientes para hacer y opinar, abolirán el hambre. Echarán cabos a los náufragos. Enmendarán el mundo, anunciarán la igualdad, habrá justicia.

-¡Tampoco pienses. Calla, brega, implora. Da gracias por partir sin haber gozado!
Hablé con el segador apenas unos minutos. Daba la impresión de desconocer  alegrías, o al menos le obligaban más las pesadumbres. Pero estaba ilusionado. No sospechaba cuán de cartón piedra eran esos buenos designios suyos.
Solamente en los espejismos, es donde encuentra el hombre un mínimo sentido a la existencia.

San Cristóbal de Valdueza, 1986

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