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Cabezonería cazurra

Cabezonería cazurra

OPINIóN IR

21/11/2019 A A
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Cabezonería cazurra
Si algo nos ha enseñado el independentismo vasco es que el nacionalismo se cura con dinero. Y si algo nos ha enseñado el independentismo catalán, sobre todo con varias generaciones de políticos de mano larga, es que no siempre. Por ello, es frecuente que al recetar un posible fármaco a la siempre febril enfermedad del nacionalismo tanto tertulianos como ‘instagramers’, tanto sus señorías de traje como las que apoyan el codo en la barra del bar, recurran a una manida cita de Pío Baroja: «El nacionalismo se cura viajando».

Desde luego que esta columna no pretende ofrecer solución alguna, en el caso de que la tuviese, a una cuestión que no la encuentra ni en despachos ni en barricadas, ni en juzgados ni en mansiones de Waterloo. Por ello, lo más sensato será volver a la arena leonesa sobre la que escribimos en este periódico. Aquí no llega esa enfermedad nacionalista, pero a veces sí que nos asaltan achaques y brotes propios de todo paciente que calla y calla en la sala de espera. Nada nuevo para aquellos que estén acostumbrados a los turnos de un hospital: primero, los enchufados; detrás, los que más protestan; y, por último, los de mayor urgencia.

¿Es el regionalismo y el localismo un primer síntoma de nacionalismo? ¿Por qué en León siempre se pegan un batacazo en las elecciones? ¿Son la terapia alternativa idónea o un placebo más? ¡Quién lo sabe! Pero, sean remedio o enfermedad, lo que sí puedo asegurar es que, tanto uno como el otro, también tienen cura.

Después de unos meses detrás de ello, recientemente completé un árbol genealógico. Ni ocho apellidos vascos ni catalanes, la cabezonería cazurra me llevó a intentar juntar 64 apellidos leoneses. Decepción y juramentos ‘me se mezclaron’ al ver en la partida de nacimiento de alguno de mis trastatarabuelos el nombre de una localidad perdida en tierras pucelanas o de un pueblo de esos tan vecinos como rivales del mío. «Me está de cojones por cuzo», que diría lo leonés que queda en mí. No hay quién corrija a Pío Baroja: el regionalismo y el localismo también se curan viajando… hacia atrás.
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