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Bilingüismo

Bilingüismo

OPINIóN IR

26/11/2020 A A
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Bilingüismo
Partimos de la premisa de que en los tiempos que vivimos, especialmente con la llegada del Plan Bolonia que propicia la movilidad de los estudiantes por todo el continente, estamos convencidos de que ningún alumno debería matricularde en la universidad sin ser bilingüe real. Son analfabetos del S.XXI los universitarios que no pueden comunicarse en inglés. La Consejería de Educación de la Junta garantiza su propósito de dar un salto de calidad al bilingüismo en Castilla y León y su lema es: «Nuestros alumnos tienen que terminar el bachillerato sabiendo inglés sí o sí».

Me encanta este lema, pero la realidad no va en la misma dirección. Es cierto que hay algunos alumnos bilingües en bachillerato en la enseñanza pública, pero casi siempre gracias al esfuerzo económico de los padres para proporcionarles academias y estancias en el extranjero desde muy niños. El programa de bilingüismo en los centros públicos está pidiendo a gritos una revisión a fondo. Echo de menos una normativa clara y una evaluación seria de las secciones bilingües. Creo que hemos empezado la casa por el tejado. En la mayoría de los centros públicos no hay ni un solo profesor con destino definitivo capaz de impartir su asignatura en inglés.

Y en ese mundo de indefinición normativa, son muchos los cabos sueltos. Posiblemente el más complicado sea acordar con los sindicatos un concurso de traslados específico para dotar de plazas realmente bilingües a los centros públicos. El profesorado necesariamente debe ser licenciado o experto en lengua inglesa y otras áreas ya que, sin este requisito, el bilingüismo en los centros será imposible. Urge una reforma profunda, no nos sirven unos pequeños retoques porque nos quedaríamos con la misma chapuza que tenemos. Si partimos de la base de que los alumnos tienen que llegar a la universidad hablando inglés, las autoridades educativas tienen que entrar ‘a saco’, sin miramientos ni pamplinas, para enfrentarse a los cambios en concursos de traslados, a un profesorado estable, a unos sindicatos que representan a ese profesorado y a unas asociaciones de padres que ya no pueden soportar más. Y con la máxima urgencia porque las próximas generaciones de universitarios lo necesitan.
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