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Berrea

Berrea

OPINIóN IR

21/09/2020 A A
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Berrea
Da la sensación de que no hace falta acercarse a los montes para escucharla, que está en cada esquina, en cada uno de nosotros, en cada una de las demostraciones de fuerza que se oyen con un fin menos reproductivo, pero en el fondo, con la misma intención, la de encontrar el sitio en un grupo. Si lo desea puede encender la tele, la radio, el móvil o abrir el periódico y no le será difícil sentir esa voz gutural, aunque desvestida de la nobleza de esos señores de los montes. El tono es parecido, pero el paisaje es diferente, mucho más amable el del frío, el barro, la pendiente y la espera.

Si se animan les recomiendo madrugar mucho y antes incluso de que asome el sol echar a andar por el embalse desde Boca de Huérgano hasta el antiguo puente de Pedrosa de la Rey. La mezcla de sensaciones es épica, tanto en la victoria sobre uno mismo como en la derrota del paisaje.

Para la revancha puede seguir la corriente hasta el sur y atravesar de nuevo el embalse, hecho maíz, desde Laguna de Negrillos hasta Villadangos. Si quiere ir mucho más al sur y madrugar menos, el pueblo abandonado de Granadilla (Cáceres) tiene una hermosa puesta de sol ambientada por las llamadas de los ciervos, que mezcla la delicadeza del rosicler en el cielo con la crudeza de los berridos en los montes.

A mí siempre me ha llamado la atención que más o menos coincida la berrea con el arranque del curso y que se resuelva como por Los Santos, cuando el chiquirriquitín ya empieza a pesar como un trueno. Es irónico el paralelismo entre los biorritmos de los cèrvidos y los del ser humano. El otoño llega igual para ambos con frutos, noches más largas y el frío en el horizonte. Pero para chocar las cuernas y rugir henchido de testosterona no es lo mismo el instinto de conservación, que el deporte o los negocios.
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