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Bercianas con cuerpo y espuma

EL BIERZOIR

Carlos Huerta, en su local de Ponferrada, Alantre, donde ofrece una importante variedad de cervezas artesanas. Ampliar imagen Carlos Huerta, en su local de Ponferrada, Alantre, donde ofrece una importante variedad de cervezas artesanas.
Diana Martínez | 01/02/2015 A A
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Bercianas con cuerpo y espuma
Empresas La comarca hace hueco desde hace unos meses a nuevos proyectos de microcervecerías artesanas, un sector en auge para el que «hay mercado»
Experimentar, probar, buscar un proyecto nuevo, propio e ilusionante y apostar todo lo posible por la tierra. Son características comunes a todos los impulsores de las microcervecerías que han nacido en el Bierzo en los últimos meses. La comarca reúne hasta seis proyectos empresariales de elaboración de cerveza artesana, cada uno con sus productos diferenciados y su sello personal.

La marca Aora, que es la pionera, lleva desde el año 2010 elaborando recetas de cerveza, pero aunque la iniciativa partía del Bierzo, la fabricación se estaba realizando parte en Madrid y parte en Bélgica. Nuevos socios bercianos han entrado a formar parte de la compañía que, en el plazo de dos o tres meses prevén poner a funcionar su nueva instalación de elaboración en la localidad de San Andrés de Montejos, al lado de Ponferrada, tal y como explica uno de los socios, Fermín Rodríguez. Aora fabrica cuatro tipos de cerveza. Tres embotelladas: ‘Mil Cien’, ‘Tostada’ y ‘Furia’, y una versión tipo pilsner en barril, ‘Aora Caña’.

Rodríguez: "El mercado es complicado pero hay hueco; cuantos más seamos, mejor transmitiremos la idea" Rodríguez considera que el auge que está teniendo el sector en el Bierzo es bueno para todos los proyectos. «El mercado es complicado pero hay hueco y cuantos más seamos, mejor sabremos transmitir la idea de calidad de este tipo de elaboraciones artesanales. Lo importante es apostar por la calidad», apunta.

El pasado año 2014 varios proyectos vieron la luz. Uno de los más peculiares, es Ribada, la cerveza de castañas de la empresa del mismo nombre instalada en Balboa. Su gerente, Enrique Fernández, explica que el origen del proyecto está en «que somos una empresa transformadora y buscamos productos y opciones en los que poder usar la castaña». Fue una casualidad la que hizo que Enrique Fernández conociera a José Antonio Fernández, que tenía su propio proyecto cervecero en desarrollo y comenzaron a hacer pruebas introduciendo castaña de la variedad ‘parede’ en la fermentación».

«Nos salió un producto que nos pareció bueno», explica el gerente de Ribada. «Es una cerveza artesana, sin conservantes. Se aprecia la castaña en el olor, el sabor el dulzor y el grado». Elaboran un lote cada semana o cada 15 días, sacando unas 900 botellas en cada uno de ellos, que distribuyen en cervecerías especializadas, tiendas delicatessen y restaurantes.  «Salen algunos pedidos para restaurantes y tiendas de Barcelona, Madrid y Bilbao y buena parte se distribuye en el Bierzo», apunta.

A parte del proyecto de la Ribada para la empresa de Balboa, José Antonio Fernández sacó adelante el pasado otoño su proyecto propio, Wolfram, que se puede encontrar en su establecimiento cervecería-bar de Camponaraya, en algunas cervecerías de Ponferrada y en tiendas gourmet.

Wolfram es el nombre que les ha dado a sus elaboraciones para rendir honor a su tierra. Natural de la localidad de Cadafresnas, en el municipio de Corullón, hace tiempo que comenzó a realizar cursos de diferentes tipos sobre la industria alimentaria. Le interesó y profundizó el mundo de la elaboración de la cerveza y con ella ha estado experimentando varios años.

En agosto de 2014 obtuvo la licencia para poder fabricar y comercializar las Wolfram. Una cerveza rubia, una tostada y una negra que fabrica a la vista del público en su local de la calle Las Médulas, en el centro de Camponaraya.

Allí, además del proceso de fabricación, dispone del bar y zona de degustación, donde darles salida. En sus cervezas ha querido plasmar el amor a su tierra y a la historia. De hecho, sus brebajes hacen homenaje «a los periodos de inicio de la actividad de las minas de wolframio, el esplendor y y el final de la explotación».

Fabrica unos 2.000 litros mensuales en total, en diferentes recetas, para los que utiliza maltas belgas y lúpulos de Carrizo de la Ribera. Por el momento no piensa en aumentar su producción. «Prefiero mantener un nivel bajo y artesanal y centrarme en la calidad, adaptándome también a la capacidad que tenemos ahora en la fábrica. En el futuro, ya veremos», apunta, ya que sí cree que «hay hueco para este mercado».

El municipio de Toreno se ha convertido también en otra referencia. El pasado diciembre empezó a poner su producción en el mercado Cervezas Mayos, desde su factoría en Torenillo.

Cervecerías especializadas, restaurantes del Bierzo y tiendas 'gourmet', el principal destino de las elaboraciones artesanales «Llevo varios años haciendo cerveza en casa de forma amateur y buscando una salida profesional, cansado de hacer diferentes cosas que no me llenaban, hablé con la gente cercana, decidieron apoyarme y echamos a andar el proyecto», explica Eduardo Díaz, responsable de la empresa.

Nacido en Villafranca, asentado en Toreno y biólogo de formación, señala que «este proyecto está lleno de ilusión por la tierra. Lo importante de nuestra cerveza está en el agua», dice, «agua del río Primout, la pureza del material base es fundamental». Trabaja con maltas alemanas, belgas e inglesas y lúpulos centroeuropeos, norteamericanos y británicos. Con ellos fabrica tres tipos de cerveza a las que ha denominado con nombres de ríos bercianos ‘Burbia’, rubia ligera, ‘Sil’ de estilo irlandés, y ‘Cúa’, más fuerte, de tipo americana. También tiene una cuarta variedad en que se llamará ‘Primout’.

Apunta que «me gustaría poder usar material autóctono, pero actualmente el mercado está monopolizado y todo el cereal se va a la producción industrial, por lo que si quieres hacer algo distinto, tienes que irte a buscar material fuera».

Para los primeros meses la producción planteada de Cervezas Mayos será de 3.000 botellas de un tercio semanales, pero las instalaciones tienen capacidad para unas 12.000 botellas al mes, que será lo que se produzca cuando esté a pleno rendimiento. Por el momento, sus productos se pueden conseguir a través de su tienda ‘on line’ , y en algunos locales de Toreno y Villafranca, si bien ya están haciendo gestiones para una comercialización a través de algunas cadenas en la provincia. Eduardo Díez ve un cambio de mercado, por eso es optimista. «La gente quiere beber menos y beber mejor».
También en Toreno está en marcha el proyecto Old Skull, otra microcervecería artesana que busca solidificarse y que muestra una imagen moderna y rompedora en sus inicios promocionales a través de las redes sociales.

Y natural de Ponferrada es Oscar Cascallana, responsable de la cervecería Mustache. Una iniciativa que nació de un proyecto fin de carrera y que meses después se convirtió en realidad. Sueña en un futuro con trasladar su empresa al Bierzo, que de momento está domiciliada en Madrid y la factoría en Valladolid. Mustache elabora una cerveza de trigo y una original elaboración llamada ‘Negra Marinera’, la primera negra del mundo con agua de mar, que ha conseguido un gran reconocimiento.

Creciendo, como la espuma, está este sector en el Bierzo, pero por el momento con gusto y pasos firmes.
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