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¡Ay la trastienda!

¡Ay la trastienda!

A LA CONTRA IR

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| 23/01/2020 A A
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¡Ay la trastienda!
Siempre se dice que si entras en la cocina de algunos restaurantes no vuelves a comer fuera de casa. También se asegura que si entras en algunas sacristías llenas de santos patas arriba, casullas comidas por la polilla, cabezas de esculturas que te miran desde el suelo y hasta hostias revenidas por la humedad dejas de creer en Dios, en el supuesto de que antes creyeras. Dicen que si te dejan visitar los cuartos que amablemente los clubes de fútbol le ceden a los llamados grupos ultras dejas de creer en el género humano. Y no sigo, pero se podría.

Las trastiendas, tantas veces trasteros, las carga el diablo pues corres el peligro de encontrar allí, incluso en situación ridícula u ofensiva, aquello que adorabas, ya sean hamburguesas, hostias sagradas, el escudo de tu club o la pared profanada.

No me extraña que la vieja bandera de León también se haya escondido en la trastienda que es trastero, harta de escuchar tanta tontería como ha desatado su presencia ante los focos. Parecía que se había pasado la tontuna de hablar por hablar pero ha rebrotado, unos que dicen denunciar las mentiras de otros volvieron a meter por medio a Cataluña, llaman paletos a los alcaldes... a pasar por caja y cobrar. Casi mejor que vayan a esos otros programas que te pagan por no hacer nada, al menos no faltas.

Qué tiempos los de aquellas trastiendas como la de Mael, en la que tenía un libro escrito en alemán y cuando algún necio le preguntaba por la veracidad de sus afirmaciones lo sacaba de la estantería, abría en cualquier página y le decía muy serio: «Aquí lo pone, claramente, lee».

Jamás le llevaron la contraria.
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