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Autonomía para Castilla

Autonomía para Castilla

OPINIóN IR

20/01/2022 A A
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Autonomía para Castilla
La configuración de la Autonomía de Castilla y León perjudica la evolución de las seis provincias de Castilla la Vieja que se integran en ella. La buena evolución socioeconómica de La Rioja y de Cantabria, ambas con autonomía propia, demuestra que los territorios experimentan progresos importantes cuando se diseñan políticas a la medida de sus peculiaridades. El comportamiento económico de la Autonomía de Castilla la Vieja, de seis provincias, sería indudablemente mejor que el de ahora. Actualmente sus prioridades se ven desenfocadas y diluidas por la cohabitación con la Región Leonesa.

El planteamiento estratégico de Castilla la Vieja pasa por explotar su condición como mayor plataforma constructora de automoción del sur de Europa. En su territorio hay cuatro plantas de ensamblado de vehículos, una importante fábrica de motores, tres de neumáticos, tres enormes parques de proveedores de automoción y uno de los mayores proveedores mundiales del automóvil, entre otras cosas, repartidos por las seis provincias. No existe una aglomeración del sector de automoción similar en el resto de la Península Ibérica.

A esa especialización se suma la de producción de cereal de secano en grano, con casi un millón y medio de hectáreas, que caracteriza el sector primario castellano. Si se centrasen las estrategias de una consejería de agricultura castellana, se podrían alcanzar mejoras extraordinarias.

Por su parte, una ventaja desaprovechada es la cercanía a Madrid de cuatro provincias castellanas: Segovia y Ávila, en primera instancia; Valladolid y Burgos en un segundo nivel. Es una oportunidad para atraer actividades satélites y de suministro a la metrópoli que contribuirían al crecimiento económico.

Nada de esas políticas tan claras –y algunas otras que no se cita por falta de espacio– se pueden enfocar con la nitidez que se hace en Aragón o en Navarra, por ejemplo, por parte de la Junta de Castilla y León. Ni es admisible centrarse en la fabricación del automóvil, inexistente en la Región Leonesa, ni en la producción de cereal de secano, frente a una Región Leonesa con importante presencia ganadera y producción diversificada.

La gestión de los intereses castellanos por la Junta de Castilla y León es deficiente, lo que no evita que la de los intereses leoneses sea clamorosamente desastrosa a la luz de los datos económicos. En el interés de los castellanos debiera estar la creación de su propia autonomía, como lo está crecientemente en el de los leoneses. Cuanto más tarden en nacer ambas autonomías, más oportunidades para el desarrollo se perderán, en plena transición de los modelos económico y energético.
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