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Aulas llenas de esperanza para los pueblos

Aulas llenas de esperanza para los pueblos

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Alumnos de Infantil y de primero de Primaria en una de las aulas que hay en la escuela de la localidad de Castrocalbón. | MAURICIO PEÑA
Alfonso Martínez | 16/04/2017 A A
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Aulas llenas de esperanza para los pueblos
Despoblación La Junta mantiene 48 Colegios Rurales Agrupados con un total de 3.138 alumnos
Cada vez son menos, pero no por ello pierden un ápice de colorido y alegría. Las aulas de los pueblos de la provincia de León son vitales a la hora de fijar población en las zonas rurales, pero lo cierto es que la natalidad sigue a la baja y que no faltan familias que se mudan a las cabeceras de comarca, a la capital o incluso fuera de la provincia en busca de mejores oportunidades laborales.

Eso ha derivado en que los 48 Colegios Rurales Agrupados (CRA) que funcionan actualmente en la provincia hayan ido perdiendo escuelas en los pueblos que los integran. Sergio García es el director del CRA Eria-Jamuz que hace algunos años tenía escuelas en seis pueblos y que ahora se ha quedado únicamente en dos. Están ubicadas en Jiménez de Jamuz, que tiene durante este curso 22 alumnos, y Castrocalbón, donde se forman cada día 27 menores.

La última localidad que perdió su escuela en este CRA fue Felechares de la Valdería. «Hace tres años se quedó sólo en tres alumnos y se cerró», recuerda el director del centro.

Y es que cuatro es el número mínimo de estudiantes que la Junta ha establecido para mantener abiertas las aulas rurales. En caso de que la cifra sea inferior, los pequeños se trasladan a otra escuela de alguna localidad vecina que esté integrada en el mismo CRA. Los datos que facilita a este periódico la Dirección Provincial de Educación establecen que los 48 centros rurales tienen actualmente un total de 3.138 alumnos matriculados. Ninguno de los centros corre peligro por falta de alumnos, aunque dentro de los mismos sí hay tres escuelas con el número mínimo de matriculaciones para mantenerlas abiertas.

Se trata de las aulas ubicadas en las localidades de Canedo, perteneciente al CRA de Quilos, Santalla del Bierzo, del CRA de Carucedo, y Santa María de la Isla, del CRA de Soto de la Vega.

García explica el funcionamiento de este tipo de centros y atribuye también a la cercanía con La Bañeza y al traslado a los institutos de los dos primeros cursos de Secundaria el descenso de alumnos y la clausura de algunas escuelas rurales en los últimos años. «Sólo por eso en un año perdimos más de 20 alumnos y entre este año y el que viene se irán otros diez al instituto», concreta antes de fijar que en principio para el próximo curso sólo se prevé la incorporación de uno de tres años después de que el pasado entraran seis, algo que considera «muy difícil» que se repita.

Siete profesores, algunos compartidos con otros CRA, se afanan cada día para impartir las diferentes asignaturas en las aulas de Jiménez de Jamuz y Castrocalbón, en las que conviven alumnos de diferentes cursos.

Es precisamente la necesidad de adaptarse a los escolares de cada edad dentro del aula el principal problema que se encuentran los docentes que ejercen en las zonas rurales. «Hay veces que es complicado, porque mientras los de un curso reciben explicaciones los de otro tienen que dedicarse a hacer actividades, pero eso también ayuda a que los más pequeños se interesen por lo que hacen los mayores y vayan sabiendo lo que les va a tocar el curso que viene», apunta el director del CRA Eria-Jamuz durante la visita a las aulas de las dos escuelas que lo integran.

La cercanía y la «atención individualizada» a los alumnos es la gran ventaja de las pequeñas escuelas rurales de la provincia. «Conocemos a los alumnos perfectamente y todos los días podemos hablar con los padres a la entrada o a la salida en caso de que haya algún problema», destaca García.

La mañana discurre tranquila en las aulas del CRA Eria-Jamuz. Las clases de lengua, matemáticas o sociales dan paso a media mañana a la educación física con juegos como el tradicional banderín, en el que los alumnos se dividen en dos grupos para ir corriendo a coger un pañuelo que sujeta la profesora cuando grita el número que se ha asignado previamente a cada alumno. Pero hasta en esto se nota la diferencia de edad, porque los mayores llegan mucho antes al pañuelo y sacan ventaja a los pequeños. «Así no vale», protesta uno de ellos entre risas de los demás.

Pero uno de los momentos más importantes del día se produce cuando llega el Bibliobús. Los alumnos de Infantil bajan con sus bolsas de tela repletas de libros y también alguna película. Muchos de ellos han apostado por diferentes cuentos de Mickey Mouse. «Se ve que hoy estaban de oferta», bromea el director del CRA Eria-Jamuz.
Y es que en estas aulas rurales destaca la pasión por la lectura que tienen sus alumnos. Hay tres libros obligatorios a lo largo del curso y el que menos ha leído ya ocho. Hasta tal punto es así que han creado un ‘lectómetro’ para contabilizar el número de libros que devora cada uno de los pequeños.

Además, han ideado un sistema de intercambio de libros entre las dos escuelas. Cada alumno que acaba de leer uno escribe su opinión en una tarjeta de recomendaciones con el objetivo de convencer a sus compañeros de que lo lean también ellos.

Pero el gusto por los libros en las aulas de las zonas rurales no está reñido con las nuevas tecnologías. A la ya tradicional sala de ordenadores se unirá durante el último trimestre del curso la participación de los alumnos de cuarto de Primaria en un programa de la Universidad de León para examinar el trabajo con ‘tablet’ en algunas asignaturas como lengua, matemáticas e inglés con el objetivo de comprobar sus ventajas y desventajas frente al libro y el cuaderno, según explica García.

Un modelo educativo que en definitiva trata de aprovechar las ventajas de tener un reducido número de alumnos y que se ha convertido durante los últimos años, junto con el mantenimiento de los consultorios médicos, en uno de los ejes de la eterna lucha contra la despoblación de las zonas rurales que abanderan las administraciones.
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