Athlétic

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OPINIóN IR

20/01/2022 A A
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Athlétic
Perdió el Athlétic la final de la Supercopa y uno no se puede escojonar de los madridistas, (en particular del director de este periódico y de Alfonso, el de Redipollos, compinche de página un jueves si y uno no), y es una pena, porque están tan acostumbrados a ganar que les hubiese venido de perlas perder ese partido contra los bilbaínos. Al final, se enfrentaron once aldeanos nacidos en un espacio muy pequeño de territorio contra una especie de ONU del fútbol, (a tal punto que de los titulares del Madrid, sólo uno puede jugar con la selección española). Además, la ficha de su mejor jugador, Benzema, es superior a la de medio equipo del Athlétic, y eso en el club del palacio de Ibaigane es de los que mejor pagan en el fútbol español. Perdió el Bilbao, y es, como digo, una pena, porque está bien que, de vez en cuando, el pez chico se coma al grande, algo que sucede en contadas ocasiones. Muchos opináis que el Athlétic es un club racista, porque niega la posibilidad de que jueguen en él gente que no ha nacido o se ha criado en el País Vasco o en Navarra. No lo voy a discutir, pero es sabido que de preguntar a sus socios y a sus aficionados, el noventa y nueve por ciento contestaríamos que las cosas están bien como están. Y la aplastante mayoría de aficionados del equipo residimos fuera de Euskadi. Además, mirando la alineación del equipo, nos encontramos con un Simón, un Martínez, dos López, dos García y dos Williams, apellidos de rancio pedigrí, propios de la película aquella de ‘Ocho apellidos vascos’. En Bilbao, un servidor nunca escuchó hablar euskera, y eso que he ido al ‘bocho’ muchas veces, por lo que se demuestra que todo el dinero que se han gastado el Estado y el Gobierno vasco para incentivar el idioma es un despilfarro de campeonato. Es más: en Vitoria, capital de la autonomía, se dejó de hablar euskera quinientos años... Sólo en Guipuchilandia, donde son como son, lo han hablado desde siempre.

El Athlétic es un club especial porque ninguno de sus aficionados, al comenzar la temporada, les presiona, o ni siquiera les insinúa, para que queden campeones de Liga, o de la Copa, o de la Supercopa. Si cae algo, perfecto. Si no, pues no pasa nada. Sólo se les pide a los jugadores que se dejen la piel, que corran como cabrones, que adelgacen diez kilos por partido. Se les pide que respeten la camiseta que llevan puesta, y el escudo, y el campo de fútbol y a la masa social. Por estas cosas somos del Athlétic, y estaría bien que muchos niños se hiciesen del equipo, porque aprenderían que ganar siempre no lo es todo en la vida. Perder es muy recomendable para que la cabeza esté perfectamente acondicionada para resistir las hostias que la vida nos da.

Los australianos, esos tipos que viven debajo de nosotros y que son unos ilustres herederos de la Gran Bretaña, nos han dado toda una lección, que, por supuesto, nosotros no sabremos aprovechar. Resulta que han expulsado del país al número uno del tenis mundial: Novak Djokovic. Uno es muy de Djokovic, porque me parece un puto genio, el mejor que he visto en mi vida y porque es serbio y en el ránking de las filias y las fobias, este país es el que encabeza las primeras por lo que le han hecho sufrir, históricamente, los alemanes, los croatas, los húngaros o los rumanos. Estos sí son algunos de los que encabezan mis fobias... A pesar de todo lo expuesto, han acertado. Nadie, por muy genio que sea, puede vivir sin hacer caso a la ley. Si no te gusta, cámbiala, pero mientras esté en vigor, se debe cumplir al pie de la letra. Djokovic no se vacunó porque no le salió de los cojones, esencialmente. Además, mintió para entrar en Australia, alterando todo el tinglado que los ‘wallabís’ tienen establecido para que el puto virus no se le vaya de las manos. Cualquier otro país, España, sin ir más lejos, hubiese corrido un tupido velo sobre el asunto e invocando que el menda es el número uno, que es un semi-dios, que su presencia es casi de utilidad pública, le hubieran dejado actuar... Los australianos, no. Pusieron la norma por encima de todo y le despacharon, puesto que él sabía que había obrado mal. El campeonato de Australia de tenis ha perdido a su mejor jugador, pero el país ha dejado claro que es lo que se debe de hacer cuándo alguien vulnera sus normas. Uno lo siente de veras, porque, como dije, me parece el mejor jugador que he visto en mi vida. Para entendernos los leoneses, es como Clemente el del Tendal. Cuando luchaba, todo le salia sin pensar, las mañas iban sucediéndose sin esfuerzo alguno, era algo natural en él. Luego, estaba Héctor, el de Capohermoso. Ganó tanto como Clemente y dejo cien lecciones en cada corro al que acudía. Pero le costaba... Nadal, ¡claro!, es como Héctor. Al final, tienen todos un mérito increíble, pero uno siempre se descubre ante los artistas...

Salud y anarquía.
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