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Artesanías de bebés

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Con este, muchos nos conformamos… qué tiempos… y cómo andaban… Ampliar imagen Con este, muchos nos conformamos… qué tiempos… y cómo andaban…
Toño Morala | 04/12/2017 A A
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Artesanías de bebés
Cultura Cunas, carricoches, tronas y andadores, hijas de manos artesanas de padres y abuelos, de carpinteros y herreros, todo para la más feliz irrupción en el mundo de hijos y nietos
Seguro que al ver las fotos, a más de uno le vendrá a la cabeza que tiene todavía por el desván de la casa del pueblo, o por el viejo pajar ya en desuso, o los viejos portalones… en algún rincón olvidado, la cuna donde dormía de recién nacido… bueno, ustedes y todo un rosario de hermanos, algún primo, algún vecino… y todavía está pintada de aquellos colores llenos de nostalgia y recuerdos. Pero no era fácil el encontrar una cuna que no fuera realizada por algún manitas; padres y abuelos, así como el carpintero del pueblo y hasta el herrero, que aunque trabajaba el hierro, pues también tiraba de madera para hacer algunas cunas híbridas, o sea, de hierro forjado y madera. Muchas familias, también tiraban de balsa o mimbre para hacer aquellas cestas para recoger los cuerpecillos de los lactantes, los famosos moisés o cucos, aquellos capazos para los más chiquitines. Algunas de estas viejas cunas, moisés, andadores, tronas… hechas de mil formas y maneras, de diversos materiales dependiendo de zonas y de la disponibilidad económica y otras precariedades, pues hasta se hacían cunas con cajas de madera que recogían diversos materiales, desde bebidas, herramientas, maquinaria diversa… y de ahí se apañaban para hacer una cuna de maravilla; se ponía boca abajo el rótulo de la marca y a otra cosa. En otras ocasiones, pareciera, que la propia artesa para la matanza o masera del pan, servía de modelo para realizar alguna cuna. El parecido en aquellos años era asombroso. Lo verdaderamente importante, era que la madre tuviera buena leche, estuviera bien alimentada, y que la cuna tuviera la ropa necesaria y siempre limpia para el infante. No quiero imaginarme la de cunas que se habrán utilizado exclusivamente con cuatro tablas y media docena de clavos, ni tampoco, la de juguetes y serones, tronas, carretones, ruedas de madera para múltiples inventos… y mantas viejas y, viejas traperías donde nos posaban en los suelos de las cocinas; donde, en muchas, y en el duro invierno, las glorias calentaban la estancia de maravilla. Y ya un pelín mayores, aún sin andar, el corralito era el balde zinc grande sin fondo, pues se había podrido la chapa,- y en aquellos años se aprovechaba todo- pero con un fondo de madera y una mantina, de ahí no te movías ni harto de sollozos. Había que ingeniárselas para que los chavales no diéramos demasiada guerra a las abuelas y madres, que los paisanos, salvo excepciones, andaban tan atareados que poco miraban para los críos. Imagino a los lectores más mayores, la de recuerdos, y la de cunas y otros añadidos para los recién nacidos y chiquitines que habrán visto, la de cosinas que les pasarán por la cabeza; pero no todo era tan pobre, tan de sobrevivencia; lo importante era la comida y el calor, el resto, pues aquí estamos casi todos, y más o menos de maravilla para contarlo.

Viejas cunas, moisés, andadores, tronas… hechas de mil formas y manerasUna cuna es un tipo de cama para niños pequeños. En su origen fueron cestos cóncavos o pequeños recipientes de madera. Las cunas tradicionales tenían pies semicirculares que servían para balancearlas y así inducir el sueño a los chiquitines, un ingenio mecánico que ha sido sustituido por patas con ruedas que permiten su movilidad. Las cunas tradicionales podían disponer de un dosel para cubrirlas con tela de gasa y proteger al niño de los insectos; también existía la tradición de vestir las cunas con faldas que se adornan con cintas, lazos u otros objetos estéticos. Los modelos de cuna para niños de hasta tres o cuatro años son más grandes y tienen los laterales altos para prevenir saltos o caídas. En algunos casos, una de las paredes es abatible para meter o sacar al niño con menor esfuerzo. Y el moisés… es el tipo de cuna que usan los recién nacidos. Las dimensiones son más pequeñas para que el recién nacido no extrañe el vientre de la madre. Se suele cambiar a cunas después de seis meses de vida. Desde la antigüedad, en las diferentes culturas del mundo y a través de nuestra historia, se ha creado un área o espacio para que los infantes durmieran y estuvieran a buen recaudo. Los cavernícolas hacían un hueco en el suelo, cubierto de hojas y ramas para mantener el calor y proteger de la humedad; esto evolucionó a un recipiente tipo canasta hecho con ramas y hojas entrelazadas forradas por pieles de animales. Otras culturas lo hacían de mimbre tejido, de ahí nació el famoso «Moisés». También, nos comenta la historia, que se hacían con pieles de animales y algunos tejidos de fibras varias. En épocas modernas tenemos cunas realizadas con múltiples materiales, pero las cunas de madera fueron una opción y aún lo siguen siendo.

En otros tiempos, los padres han buscado una forma de llevar a los chiquitines, lo más cómoda posible en los desplazamientos. Desde atarlos con un trozo de tela a los cuerpos de las madres, hasta los modernos carricoches. Parece ser que la idea del cochecito para bebés, surge del arquitecto William Kent, quien era el encargado de diseñar los jardines de Inglaterra, muy conocido por su trabajo. En 1733 el Duque de Devonshire preguntó a Kent si podía construir un medio de transporte que divirtiera a sus niños. Kent, obligado a construir dicho artefacto, hizo una cesta con ruedas donde los niños podían sentarse en ella. Fue decorada y era tirada por un poni o una cabra. La idea rápidamente gustó a otros miembros de la familia real que tuvieron objetos similares. Estos modelos se caracterizaban por ser muy altos e inseguros y estaban destinados exclusivamente a los padres de la alta sociedad. Los carricoches de esa época eran muy diferentes a los actuales. Estaban hechos con madera o mimbre y los arneses eran de cobre amarillo muy costoso, eran de lujo y se convirtieron en obras de arte pesadamente adornadas. Los modelos también tenían nombres de princesas y duques como Balmoral y Windsor. En aquel tiempo los carricoches eran tirados siempre por animales, pero en 1848 apareció un revolucionario diseño. El americano Charles Burton decidió poner manillares en ellos a modo de que los padres pudieran empujarlos. Esta idea no fue aceptada en América, así que Burton se mudó a Inglaterra y allí personajes de la alta burguesía utilizaron estos modelos. En junio de 1889, un nuevo diseño de carricoche apareció en la escena pública. William Richardson patentó su idea del primer cochecito reversible. El mismo fue diseñado para que el crío fuera de frente o de espaldas a los padres. También realizó cambios estructurales importantes; los ejes antes no permitían que las ruedas se movieran por separado. El diseño de Richardson permitió el aumento de la maniobrabilidad de los cochecitos. Mientras que los años veinte comenzaban y la Primera Guerra Mundial acababa; los carricoches modernos estaban disponibles ahora para todas las familias. También eran más seguros, con nuevas características como ruedas más grandes, frenos, más amplios para los niños más grandes, y más robustos. En 1965, Owen Maclaren, ingeniero aeronáutico escuchó a su mujer quejarse por viajar de Inglaterra a América con un cochecito de niño tan pesado. Maclaren sabía que ella necesitaba algo más ligero. Usando sus conocimientos sobre aeroplanos, construyó un armazón de aluminio y creó el primer cochecito tipo paraguas. Esto permitió que los carritos fueran más fáciles de usar y pudieran llevarse a todas partes.

Y aquí, en la España nuestra, fue un empresario catalán, Manuel Jané, que tras diseñar un cochecito para su hijo como reto personal, transformó la cerrajería heredada de su padre en una fábrica de cochecitos. Hacia los años 80, Jané ya es una marca nacional consolidada en el mercado español que además diseña y comercializa productos de puericultura, y poco a poco empieza a afianzarse en su expansión internacional. Y para ir acabando, no desechen las cunas viejas, que ahora con esto del vintage, esa viaja moda, la pintan… y queda como nueva.
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