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Arte valiente

Arte valiente

OPINIóN IR

08/03/2015 A A
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Arte valiente
No es que sea yo un televidente habitual de La 2, que además no es mi intención dármelas de ‘cultureta’ a estas alturas. Podría hacer el paripé como hacen tantos otros y decirles que la segunda cadena pública es mi canal de cabecera. También podría hacerme el ofendido y responder “por supuesto” si me preguntaran si me he leído ‘El Quijote’, que de esos también hay unos cuantos. Lo siento. En mi caso, ni una cosa ni la otra. La intelectualidad y su pose, por favor, en pequeñas dosis, que si no me empacho.

Sea como fuere, hace unas semanas acabé aparcando el dial televisivo a la vera del símbolo del patito. Era lunes por la noche, mediados de febrero, y vaya por delante mi eterno agradecimiento a la pésima programación con la que nos obsequiaban las cadenas privadas a eso de las diez de la noche. Vamos, lo habitual. El obligado ‘zapping’, como digo, me llevó a una película de cine mudo y por supuesto en blanco y negro. Tardé unos minutos en darme cuenta de que estaba ante una de mis espinas clavadas, un largometraje que en su momento se me había escapado por un lamentable ejercicio de pereza y olvido. Hablo de ‘The Artist’, la gran triunfadora de los Óscar de 2011 y película arriesgada y exquisita donde las haya. Imagino, querido lector, que ya tendrá visionado este film. Si no es así, permítame recomendárselo para la tarde-noche de este domingo. Y si usted ha sido arrollado por los acontecimientos de la crisis, todavía más.

No voy a destripar aquí la trama, que no quiero parecerme a alguna que otra estrellita de la radio especialista en contar el final de películas recién estrenadas (con el consiguiente aluvión de llamadas por parte de los indignados oyentes). Lo que sí me atrevo a decirles es que todos corremos el riesgo de caer. Un descenso a los infiernos que puede venir provocado por las circunstancias, por errores propios o incluso por una mezcla de unas y otros. Y en el fango, el orgullo se convierte en cómplice de la autodestrucción. Un perro más listo que el hambre, un chófer adicto a la fidelidad y el amor de una mujer (que no falte nunca) son las tablas de salvación del protagonista de ‘The Artist’, aunque el verdadero artista del asunto fue su director, Michel Hazanavicius. ¿Cine mudo en el siglo XXI? Muchos se rieron de su proyecto cuando trató de conseguir la correspondiente financiación. Pero este mundo necesita riesgo y sentimiento. En definitiva, más gestos y miradas, que ya se sabe que una de estas últimas vale más que mil palabras huecas.
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