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Arquitecturas gratuitas

Arquitecturas gratuitas

OPINIóN IR

21/06/2019 A A
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Arquitecturas gratuitas
Posiblemente el título induzca al engaño, pues todos tomamos habitualmente la gratuidad como regalado y sin costo, lo que, en arquitectura, sin duda, es imposible: no hay edificio gratis, ni siquiera barato.

Se trata de una segunda acepción: que no tiene sentido o razón de ser.

Es verdad que la Arquitectura, con mayúsculas, es una de las bellas artes, lo es desde los tiempos del clasicismo griego, cuando un edificio era el compendio de todas las artes, o, al menos, algunas.

Pero los tiempos han cambiado, la gran y variada cantidad de edificios que se proyectan y construyen, las nuevas y poderosas tecnologías, la riqueza de los promotores, incluso la ideología, han terminado por influir en el proceso del proyecto resultando así edificios como poco innecesariamente llamativos por no decir esperpénticos.

Ya en el diario, al nivel normal de la calle, en los bloques de viviendas, el arquitecto lo proyecta entero, pero, como solamente el exterior está a la vista del público, se afana, si le dejan (esto es importante y siempre habitual por cuestiones literalmente económicas), se afana, digo, en hacer una fachada lo más vistosa posible, para que lo vea la gente, se expone a su crítica, se hace propaganda, incurriendo a veces en auténticos desafueros, que, como decía muy habitualmente Luis Diego Polo, mi socio de toda la vida, ‘ese’ (el arquitecto), ha tirado la fachada y escondido la mano, remedando el dicho popular, cuando, por hacer una fachada llamativa, se forzaba la distribución interior hasta puntos inadmisibles, generando habitaciones de muy difícil aprovechamiento.

Pero no solamente. Recuerdo un viaje por Irán hace unos años. Con la llegada de los ayatolás, se dio un vuelco a los imperantes conceptos arquitectónicos occidentales, implantados desde los años veinte por el Sha Reza Pahlevi, obligando a seguir los cánones islámicos. El resultado de casar esa estética con las tecnologías modernas era, y es, un horror. Recuerdo que coincidió aquello con el aniversario de la muerte de Jomeini y fuimos a ver su tumba. El edificio, de lejos, era como cualquier otro de época antigua, aunque absolutamente nuevo: Una planta cuadrada y plana, con cuatro minaretes en los extremos y una gran cúpula central. Hasta aquí, nada anormal. Pero una vez dentro, después del ritual de dejar cámara y zapatos a la entrada, ¡Oh cielos!, cuando uno espera encontrar algo similar a cualquier mezquita del mundo, nos damos de narices con una enorme sala (mil metros quizás), cubierta con un techo de entramado triangular de tubo como el pabellón de los deportes o la iglesia de los agustinos. De arcos y bóvedas, nada. Pero nada de nada. En fin, algo evidentemente gratuito.

Muy probablemente, amigo lector, habrá recibido correos o WhasApps con edificios delirantes, con forma de cesta de flores, elefantes tumbados o tridentes de Neptuno.

Exuberantes rascacielos u hoteles temáticos que te trasladan a las mil y una noches o al África ecuatorial.

Incluso urbanizaciones ganadas al mar con las parcelas ordenadas como las hojas de una palmera o jardines exóticos de formas imposibles en lugares increíbles.

Todo un exceso arquitectónico. Bueno, lo de arquitectónico es por definirlo de alguna manera, porque muy arquitectónico no lo es.

Aquí, más cercano, se ha abierto una exposición de los edificios levantados para el Mundial de Fútbol de Qatar.

Pues que quieren que les diga. Son, efectivamente, espectaculares, dan envidia, ya los quisiéramos aquí (y no me refiero solamente a León), pero díganme ustedes si no es gratuito hacer unas instalaciones del copón para jugar un único torneo, todo lo importante que se quiera, pero un único torneo, sin equipos propios que luego los rentabilicen y a contranatura, en un lugar que fácilmente llega a los 50º, en medio del desierto.

Pues eso, arquitecturas gratuitas, en el fondo, en la forma o en el destino.

Una recomendación: Si quieren ver un edificio que se adapta a su cometido, donde nada es gratuito, que reúne todo el valor del arte de la arquitectura, vayan a ver el Museo Romano de Mérida, de Rafael Moneo. Ese es un edificio por y para un cometido, porque solamente verlo por el exterior, y, aún más, visitándolo por dentro, se «vive» Roma.

Sí, eso es el arte de la arquitectura.
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