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Aquellos tiempos… del boom

Aquellos tiempos… del boom

OPINIóN IR

03/07/2020 A A
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Aquellos tiempos… del boom
Tuvimos un tiempo de gloria, posterior de hundimiento, reflotamos algo y ahora nos han dado la puntilla. Está claro que nuestra estructura como país tenía y tiene múltiples carencias, y así nos luce el pelo.

Y eso que los latinos, y nosotros lo somos, presumimos de improvisación e inventiva para salir de los problemas. Pero cuando pintan bastos, y no el cinco o seis, sino el AS, con mayúsculas, todo es diferente.

Porque aquellos años de euforia en que ganábamos 5, gastábamos 6, pero al mes siguiente ganábamos 6 y por tanto gastábamos 7, y así sucesivamente, acabaron de golpe. Tan de golpe, que casi, casi, nos rompimos la crisma.

Y nos dejaron las secuelas que tantas veces hemos comentado, que fuimos atajando poco a poco pero que, antes de restañar las heridas, se nos han vuelto a infectar.

Mal ha ido en general, pero aquí, a nosotros, en esta provincia, nos crecen los enanos. O simplemente es que estamos muy de capa caída y no hay manera de levantar cabeza.

Hablemos de construcción, que es habitualmente el objeto de esta columna (aunque a veces me lo salte).

Hace unos meses nos facilitaron un estudio estadístico del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España de la evolución de la construcción en España desde el 2000 al 2018. En la documentación figuraba un gráfico que reflejaba el número de licencias concedidas: iba subiendo desde quinientas mil en el año 2000 hasta las novecientas mil en el 2008… y un tortazo monumental en ese año, en que bajamos a… cuarenta y seis mil. Una caída en vertical similar a las cataratas de Iguazú. Después de eso, año a año, un repunte hasta el día de hoy, que se sitúa en las noventa mil licencias, más o menos el diez por ciento del momento álgido.

Y nosotros, qué.

Bueno, en los años normales, antes del 2002, en León capital se daban alrededor de mil licencias al año. Entre 2003 y 2008, esa cifra era de cuatro mil. Estábamos enloquecidos.

Recuerdo el comentario de uno de los altos empleados de una empresa bastante grande, hoy desaparecida: «mi jefe dice que compre todo lo que me ofrezcan en la Lastra». A qué precio?, pregunté. «Al que sea, no importa». El precio de repercusión de suelo por vivienda llegó a estar en 25 millones de pesetas (de entonces), hoy 150 mil euros, precio por el que, más o menos, hoy se venden algunas de las viviendas de ese polígono. Bueno, se intentan vender.

Sí, aquello parecía no tener límite. En plena euforia, con el PIB volando, cuatro de cada cinco puestos de trabajo en Europa se generaban en España, alcanzábamos a Italia y teníamos a Francia, Zapatero dixit, a tiro de euro. En todo. Y en la construcción, tanto o más.

Pero lo tenía. Vaya si lo tenía.

Hace unos días se ha publicado por la Junta el número de viviendas nuevas vacías en toda la comunidad. En la provincia de León ocho mil más o menos. El mayor número de todas las que la componen. ¿Y Valladolid, nuestra némesis? Pues cinco mil novecientas.

Si se tiene en cuenta que nosotros somos 460.000 habitantes y ellos 516.000 (recuérdese que en los 60-70 León tenía algo más de 500.000 y Valladolid unos 360.000), tocamos a una vivienda por cada 16 familias y Valladolid una por cada 24. Una buena diferencia, para mal. Y si se miran nuestros índices de industrialización, estado y edad de la población y todas esas cosas que se toman en cuenta para evaluar la capacidad económica de cada provincia, la conclusión es bastante negra.

Y no es que la villa y corte vallisoletana sea lo mejor de España, pero está por delante de nosotros, aunque nunca lo estuvo. Allá por los sesenta era una provincia agrícola, la FASA y poco más, mientras por estos lares estaban RENFE, Antibióticos, Abelló, Telefónica, el lúpulo y la minería (entre otras que se han ido por el desagüe y no volverán), amén de una rica ganadería y un Bierzo siempre pujante y emprendedor. Hoy, en Valladolid, la Junta es una buena máquina de poner sueldos, así como su industrialización, renacida en los sesenta alrededor de la declaración de Polo de Desarrollo, mientras aquí vamos lentamente hacia abajo, con una población envejecida y una juventud con poco horizonte. Por mucha mesa por León y mucha declaración de intenciones que hagamos. Claro, que menos es nada.

La construcción, uno de los motores del país (y de León) se hundió, como en otros sitios y como otros sectores, con pocos visos de renacer salvo en contadas ciudades y contadas costas.

Y aquí, estas ocho mil viviendas son un lastre a mayores, enorme para recomenzar la actividad, lo que añadido a la crisis que vivimos, un dinero prudente (más bien miedoso) y, para colmo, una pandemia peleada a puñetazos, muchos de ellos al aire, lo terminamos de arreglar.

En fin que negro panorama tenemos.
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