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"Aquellos policías recibían órdenes desde cabinas de teléfono"

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Fulgencio Fernández | 28/11/2022 A A
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"Aquellos policías recibían órdenes desde cabinas de teléfono"
Literatura El leonés Alejandro M. Gallo, comisario de policía y escritor, presenta este lunes en León su última novela ‘Matanza de Atocha, 1977: caso abierto’ en la que ofrece una nueva mirada sobre aquella matanza de abogados laboralistas en Madrid
Alejandro M. Gallo, del que siempre se destacaba su doble condición de escritor y policía, se ha ganado su espacio propio más allá de la ‘anécdota’ de su poco común doble condición. Y por un lado va su trabajo como comisario en Gijón y en paralelo camina su carrera literaria, con un buen número de títulos en el mercado y con evidente reconocimiento, de crítica y público, que decían los clásicos.

M. Gallo regresa este lunes a su tierra con un última obra "aún caliente" ya que solo se ha presentado en Madrid y llega con ella —Matanza de Atocha, 1977: caso abierto— al Salón de Actos del Ayuntamiento de León (a las 19:00 horas), donde estará acompañado de la profesora de Filología Moderna de la ULE María José Álvarez Maurín, cuyo departamento organiza el acto.

El trabajo de Martínez Gallo bebe de las fuentes de la novela, con la presencia de su literario comisario Gorgonio, y de la investigación policial sobre los hechos a los que se refiere el título, la recordada matanza de abogados laboralistas en un despacho de la Calle Atocha, ocurrido en 1977.

- Son hechos lejanos y juzgados, ¿qué ofrece su libro de novedoso?
- Lo principal es la mirada que ofrezco, hasta ahora desconocida o inexistente. La historia de la matanza estaba contada pero siempre desde una mirada parecida: la visión de CC.OO., a cuyo sindicato pertenecían; la del PCE, la de los supervivientes, la de los abogados que participaron en el proceso judicial (Cristina Almeida, Mohedano, Bono...) o incluso en el cine, de la mano de Bardem, también vinculado al PCE... pero jamás se había contado la historia de la instrucción policial, del trabajo de aquellos 33 policías bajo el mando de Francisco de Asís Pardo, a quien encomendó la investigación el ministro Martín Villa para que no la hiciera la brigada político social de Conessa.

Y se muestra convencido de que esta visión novedosa y diferente ofrece varios aspectos muy significativos. "Lo primero rescatar el trabajo de aquellos 33 policías que trabajaron sin descanso durante dos meses para sacar adelante la investigación sobre la autoría de los asesinatos y con los medios que tenían en 1977, por supuesto sin móviles, sin Pegasus, sin datos, sin hilo del que tirar... como ejemplo señalaría que recibían órdenes a través de cabinas de teléfonos. Hicieron un trabajo para quitarse el sombrero, sin descanso, e, incluso, había una recompensa por descubrir a los autores y ellos renunciaron a ella. Fueron unos profesionales como la copa de un pino".

Y sobre los aspectos más novedosos de la investigación Alejandro M. Gallo incide en que "lo principal que hay que desmentir es la teoría de una conspiración fascista internacional, sobre todo porque fue una chapuza. La realidad es que eran unos matones al servicio del sindicalismo vertical, que veían peligrar sus privilegios en el sector del transporte, las prebendas en las licencias de taxis y similares. Iban a por Joaquín Navarro y lo buscaron en los locales en los que se solían reunir. No era una trama internacional, era una defensa de los privilegios del sindicalismo vertical".

Y en toda esta historia destaca el drama de la vida de una de las heridas, la leonesa Dolores González, herida en el atentado, donde también asesinaron a su marido y antes había perdido a su novio en una comisaría franquista.
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