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Aquellos 'locos' del balón de huevo

Aquellos 'locos' del balón de huevo

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El equipo del SEU León que jugó aquella histórica final. Los nombres aparecen en el texto del reportaje. Ampliar imagen El equipo del SEU León que jugó aquella histórica final. Los nombres aparecen en el texto del reportaje.
Olaf Pla Gracia | 18/02/2018 A A
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Aquellos 'locos' del balón de huevo
LNC Domingo Fallece el último de los pioneros del equipo de rugby que jugó la final de copa en 1948
Desde muy niño me llamó siempre la atención una vieja pelota de forma ovalada que lucía en uno de los estantes del armario-librería del salón de casa. Era de un cuero fuerte, espartano y de color marrón oscuro, una pelota de marca Hernan que en ella se podían medio distinguir algunas firmas desdibujadas por el paso del tiempo. Por entonces no lo sabía ya que nunca se le había dado demasiada importancia pero era la pelota con la que se había disputado un partido de rugby muy importante en nuestra ciudad. Mi padre, Manuel Pla, había jugado en León en sus años universitarios a ese «deporte de villanos jugado por caballeros» conocido como Rugby, el mismo nombre de la pequeña población al norte de Londres que lo vio nacer gracias al joven William Webb Ellis y su digamos, acto de menosprecio por las reglas que entonces había en un juego practicado con los pies y una pelota. El joven Ellis cogió el balón con sus manos y corrió hasta el campo contrario dejando al resto de compañeros estupefactos. Hizo algo prohibido, había quebrantado las reglas. Los profesores de la Public School del pequeño pueblo de Rugby se preguntaban si William estaba loco, si había perdido sus cabales pero lo que nadie se esperaba es que un nuevo y apasionante deporte se estaba naciendo y que desde aquel muy lejano 1823 hasta nuestros días, este juego a evolucionado de tal forma que sus Campeonatos Mundiales poseen la tercera mayor audiencia en televisión detrás del Mundial de Futbol y de los Juegos Olímpicos. Alrededor de este balón ovalado y de los palos en forma de H que se distinguen en ambos extremos del terreno de juego hay toda una cultura, ritos, grandes hazañas y una filosofía muy particular, un deporte que aún cree en ciertos valores en peligro de extinción en nuestra actual sociedad. El total respeto al rival, al árbitro y a las reglas del juego, el ‘pasillo’ al final de cada partido que ambos equipos se otorgan mutuamente es algo de lo cual los jugadores se sienten orgullosos y como no podía ser de otra forma, el imprescindible Tercer Tiempo, en donde tras las dos partes de 40 minutos que los equipos disputan, siempre viene una tercera fuera del campo, un encuentro amistoso en donde se charla, se brinda, se cambian impresiones, se bromea e incluso se canta. «Tras un partido de Rugby tienes quince nuevos amigos» decía nuestro profesor J.A.Sancha en el INEF Barcelona, quince jugadores por equipo que representan sobre el terreno de juego una sociedad perfecta ya que de ellos, ocho delanteros grandes y fuertes luchan y trabajan por la conquista del balón, por lo que podrían representar la clase obrera, la clase trabajadora. Dos medios (medio de melee y medio apertura) ágiles y listos se encargan de distribuir el juego y representarían a la clase intelectual; cinco ¾ (tres cuartos, así se denominan estas posiciones) rápidos y placadores vendrían a representar la clase burguesa y un único jugador atrás muy seguro con las manos y con la mente fría, el arriere con el numero 15 a la espalda, sería el policía que toda sociedad necesita.

Para que el lector comprenda lo que quiero reflejar en este texto, nada más oportuno que la nota de prensa que salió en la Revista londinense Punch en 1850, justo 50 años antes de que el Barón Pierre de Coubertin fundase los Juegos Olímpicos de la era moderna y que definía lo que era un deportista personalizándolo en el jugador de Rugby: «Deportista es el que, no solamente ha fortalecido sus músculos y desarrollado su resistencia mediante la práctica de algún deporte, sino que, con esta práctica ha aprendido a reprimir su cólera, a ser tolerante con los compañeros, a no aprovecharse vilmente de una ventaja, a sentir como un deshonor la mera sospecha de una trampa y a soportar con la cabeza alta y con alegría el desencanto de un revés».

No quiero extenderme más de la cuenta hablando sobre este deporte que a muchos nos ha cautivado ya que no es ahora el momento sino que el principal motivo de esta propuesta de artículo para La Nueva Crónica de León es dar a conocer al público leonés un hecho deportivo ocurrido hace setenta años en nuestra ciudad, ni más ni menos que en 1948, cuando el señor Ramiro Jover, un apasionado por este deporte, consiguió dar forma a un buen equipo en la disputada liga que se jugaba por entonces. En León había mucha afición al Rugby y los campos se llenaban. Mi padre recuerda que cuando asistías como público a un partido, se entregaban unos pequeños panfletos con información para entender las reglas más básicas y como consecuencia tener una mejor comprensión del juego.

En aquel 1948 el rugby leonés logró su gran gesta, jugar la final de la Copa del Generalísimo Entro en internet para consultar algo sobre la historia del rugby en León y me sorprende ver que en ninguna parte sale el más mínimo comentario ni reseña sobre aquella Final de la Copa del Generalísimo que se jugó contra la emblemática U.E. Santboiana de Sant Boi de Llobregat (Barcelona), la población que gracias al joven Baldiri Aleu, un estudiante de veterinaria recién llegado de Francia en 1921, introdujo este deporte en su pequeño pueblo natal y como consecuencia, extendiéndose posteriormente a Barcelona, Cataluña y resto de España.

Decir Sant Boi es decir Rugby y decir Rugby es decir Sant Boi. De hecho, cuando llegas a esta población, una escultura de una enorme pelota ovalada recibe al visitante y claramente se puede leer en letras bien grandes: ‘el bressol del rugby’ (La cuna del rugby). Con esto quiero resaltar la gesta que el rugby leonés y concretamente el equipo del SEU León realizó en aquel año al conseguir meterse en la final tras eliminar al SEU Madrid (vigente campeón) en semifinales por un marcador muy ajustado. Mi padre jugaba por entonces con el equipo de Maestranza Aérea pero para afrontar las semifinales y la posible final, SEU León invitó a algunos jugadores de este equipo con la intención de presentar un combinado más potente físicamente y con opciones al título.

Como he comentado anteriormente, las semifinales se jugaron contra SEU Madrid. El partido de ida se disputó en su feudo un 18 de abril de 1948 y el mismísimo Ramiro Jover se desplazó desde Bilbao tras su boda con Marina el día anterior al encuentro para poder estar presente en algo que «le iba la vida», según me explica su esposa. Ella misma me habla sobre aquel viaje en tren acompañados por dos jugadores que habían asistido al enlace, Juanito Tajuela y Azurmendi y muy emocionada recuerda la anécdota del chute de honor que sobre el papel tuvo que hacer al inicio del partido pero que al estar el campo en un silencio sepulcral y ante tanta expectación, ella hizo como si chutaba y realmente fue Azurmendi quién dio la patada al balón en lugar de ella por lo nerviosa que estaba. El partido de ida en Madrid finalizaba con un marcador de 0 a 3 a favor de SEU León por lo que la semifinal estaba bien encaminada.

Ramiro Jover se desplazó desde Bilbao, donde se había casado el día antes, le iba la vida en ello El partido de vuelta se jugó en el Campo de El Ejido y al final de los 80 minutos SEU Madrid ganaba por 6 a 9. El cómputo total de los dos partidos en ese momento daba empate, necesitando pués una prórroga de dos partes de 10 min. El árbitro, el madrileño Sr. Blanco, anulaba un ensayo del leonés Galán en la primera parte de la prórroga pero amigos, a punto de finalizar el tiempo, Polo transformaría un drop o botepronto entre palos que daría la victoria al conjunto leonés por 9 a 10. Esta jugada valía cuatro puntos entonces, ahora son tres. León se metía de cabeza en la lucha por el título.

Mientras tanto, la U.E. Santboiana eliminaba en tierras catalanas al potente equipo del FC Barcelona con un ajustado 6 a 3, por lo que la Final estaba servida: UE Santboiana – SEU León.

Estas imágenes que os presento son pura historia de este noble deporte. La fotografía del equipo SEU León fue realizada por mi abuelo, el fotógrafo Pepe Gracia y también aparece en su libro de fotografías ‘El León de Pepe Gracia’. Como aficionado a la fotografía siento mucho no poder mencionar el nombre de la persona que retrató a la UE Santboiana por no aparecer en el original.

Por el equipo leonés menciono a los siguientes jugadores. Arriba, de izquierda a derecha: Agapito, Urbano, Azurmendi, Del Río, Juanito Tajuela, Chamorro, Manuel Pla, Perez Galan (’Monky’), Polo y San Miguel. Abajo, de izquierda a derecha: Ramos, Pepín, Lopez, Osorio y los dos últimos, que por más que he investigado nunca he sabido dar con ellos pero podrían ser Fadón y Agustín.


Mi padre, aún en vida, se acordaba de todos los nombres menos de los dos últimos, datos que he podido medio desvelar por algunos recortes de periódico de la época que aún conservamos pero es que tampoco nunca me supo explicar la razón por la que Ramiro Jover no está presente en la foto. Alguna vez me comentó que tras el partido salió «escopeteado» porque se casaba pero esta versión no cuadra con la de Marina, la viuda de Ramiro, que me parece mucho más verídica por la conversación que tuvimos y los datos tan precisos que me dio. No obstante, si Ramiro Jover jugó o no ese partido es algo anecdótico y para que quede constancia de su importancia en nuestro rugby leonés, ahí está esta tercera imagen de su persona en otro partido distinto. Tuve la oportunidad de retratar a esta leyenda del rugby años antes de fallecer pero ni tan siquiera se me pasó por la cabeza preguntarle al respecto para que me desvelara el misterio. ¿Dónde estabas Ramiro?

Por parte de la UE Santboiana, los jugadores que salen en esta maravillosa fotografía son: Arriba, de izquierda a derecha: Josep Martinez ‘Xecu’, Serra, Valls, Pepet Petit, Vicens Bisbal (cap.), Miquel Vives, Jordi Ribas, Pares, Martret, Urbano Martinez y Baldiri Puges. Segunda fila, sentados, de izquierda a derecha: Joan Bisbal, Melcior Martí, Pere Puig, Francesc Larroy. Primera fila, cuclillas, de izquierda a derecha: Joan Duran, Isidre Olle, Miquel Martinez ‘Xecu’, Navarrete y Josep Vidal ‘Xato’.
Del equipo de Sant Boi me gustaría resaltar apellidos tan emblemáticos como el de los hermanos Bisbal, verdaderos precursores del rugby catalán, uno de ellos, Joan, jugando precisamente de ¾ ala al igual que mi padre y su eterna anécdota que siempre contaba de un placaje fallido a este. Otro jugador a destacar era el nº 10, Jordi Ribas, el apertura del equipo, cuyo hijo ‘Toti’ Ribas, nos ha proporcionado esta maravillosa foto de la Santboiana en el Ayuntamiento de Sant Boi mostrando la Copa ganada y que sin duda quiero agradecer. No me puedo dejar en el tintero al ilustre Isidre Oller, jugador y luego árbitro, padre de uno de mis mejores amigos y que precisamente cuarenta años después de que su padre y el mío se enfrentaran en aquella final, resulta que nos conocimos y jugamos juntos durante los años universitarios en el equipo de rugby de INEF Barcelona. Como veis, las anécdotas nunca faltan, así es este deporte.

La gran final se jugó a un solo partido en el antes mencionado campo de El Ejido, con un resultado de 13 a 9 a favor del combinado catalán. La madre de mi querido amigo Toti recuerda algunos comentarios que su marido ya fallecido, Jordi Ribas, hizo al llegar del viaje a León: «los jugadores leoneses eran grandes y fuertes pero se les pudo ganar por la mayor rapidez desplegada en nuestro juego».

Mi padre, Manuel Pla, era el último superviviente de aquel legendario equipo de la proezaEl viaje desde Barcelona hasta León se realizó en tren y debió ser muy cansado pero la masiva asistencia del público leonés al campo puso la parte más generosa al sacrificio que supuso este largo desplazamiento. Parece ser que el frio reinante el día del partido también fue algo que los jugadores de la Santboiana debieron acusar. Las cálidas tierras mediterráneas contrastan mucho con este duro frio leonés. Al regreso del partido, muchísima gente esperaba a los jugadores en la Estación de Sants para celebrar una victoria que se pronosticaba muy complicada pero que al final se consiguió.

El Rugby leonés realizó toda una gesta a pesar de no ganar aquel partido frente al histórico equipo de la Unió Esportiva Santboiana.

Quiero agradecer toda la ayuda recibida para la elaboración de este artículo a las tres esposas de tres jugadores ya fallecidos, ellas han sido la viva memoria de aquel momento y que con una extraordinaria humildad y discreción he podido comprobar lo que en argot deportivo se entiende como «labor sorda», es decir, están ahí, no se hacen notar pero tienen mucho que decir. Marina y sus divertidas anécdotas con Ramiro y el Rugby, Emilia Bisbal (hija de Vicenç Bisbal, toda una institución en Sant Boi) y su pasión por este deporte y mi madre Belita Gracia, una ancianita con espíritu juvenil que aún conserva esa capacidad de sorprenderse por muchas cosas como por ejemplo la victoria de Escocia en los últimos minutos contra Francia. A las tres, muchas gracias.

No me quiero despedir sin recordar la figura de mi padre, Manuel Pla Hernández (‘Balú’ le llamaba mi madre, ‘O Vitirinario’ cuando estuvo en Ribadeo trabajando), el último superviviente de aquel legendario equipo que logró toda una proeza en la Final de la Copa del Generalísimo de 1948 y que aún algunos veteranos recuerdan cuando asisto a ver partidos de División de Honor a Sant Boi. Durante muchos años he tenido la suerte de ver por televisión y con mi padre el eterno Cinco (ahora Seis) Naciones con unas cervezas sobre la mesa. Desde los partidos en Blanco y negro en TV2 con Williams como arrière de Gales hasta los Mundiales comentados por Manolo Moriche en el Canal Plus. Este año por desgracia no podrá ser pero mis pintas de Guinness en el Pub disfrutando del próximo Irlanda – Inglaterra es un placer que uno no se puede permitir el lujo de perder.

Salud y buen Rugby.
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