Publicidad
Aquel corro para nunca olvidar o el "día de gloria"

Aquel corro para nunca olvidar o el "día de gloria"

DEPORTES IR

Jesús de la Red, de La Vega de Almanza, y Gelo Robles supieron lo que era ganar un corro; el primero lo fue dejando y Gelo fue buen entrenador y hombre de club. Ampliar imagen Jesús de la Red, de La Vega de Almanza, y Gelo Robles supieron lo que era ganar un corro; el primero lo fue dejando y Gelo fue buen entrenador y hombre de club.
Fulgencio Fernández | 22/11/2020 A A
Imprimir
Aquel corro para nunca olvidar o el "día de gloria"
Lucha Leonesa Todos los luchadores guardan en su memoria una caída o una gran tarde
Javier Fernández Fernández, de Remolina, Javi Remolina para los aficionados, había luchado con 16 años la final del Provincial de 1996 a Clemente Fuertes, de 16 años también. Los dos se jugaban el título y el honor de ser el campeón más joven de una larga historia. Venció Clemente, que escribió el primer récord de muchos que logró después.
Javi Remolina, un brillante abogado y hoy reconocido abogado, perdió aquel tren y siguió en la brecha, más centrado en los estudios pero disfrutando y dejando momentos de buena lucha. Sin embargo, el destino le guardaba una sorpresa agradable, la recompensa de aquella derrota y fue ganar su primer –y último corro– allí donde el de Remolina siempre había soñado, en Riaño, con el corro cubierto a reventar y aficionados que no pudieron entrar. Estaba Javi en una nube pero tuvo claro las dos cosas que quería decir: «La primera dedicarle el corro a Julio Llamazares, por el apoyo que siempre mostró para quienes lucharon contra el pantano que tapó el viejo pueblo; y segunda, que ya me puedo retirar tranquilo, que lo máximo que esperaba de la lucha ya lo logré, mi sueño era ganar en Riaño».

- ¿No lo cambias por un Campeonato Provincial?
- Por supuesto que no.

Todavía ahora cuando acude al corro de Riaño está como en una nube, bien parece que en vez de estar viendo el corro que se disputa está rememorando aquel de su sueño.
Alfredo Olmo, del Valle de Mansilla, era un chaval de exquisita deportividad y también inmejorables maneras. Lo mucho que se esperaba de él lo confirmó en el corro de La Sobarriba, donde ganó, y con una cadrilada final para una postal. Se confirmaba lo que se intuía, sin embargo, el bueno de Alfredo se había lesionado. En vez de a la gloria viajó al hospital y se confirmó una grave lesión de rodilla que truncó la carrera de Olmo, el mismo día de su gloria.

Jorge Laureano San Martín, El Chavalín de La Vid, fue uno de esos luchadores entrañables, singulares, que se ganan al público. Venía del judo, viajaba desde lejos para competir, plantaba cara a cualquiera, se sujetaba sus maltrechas rodillas con unas rodilleras caseras que se hacía él con llantas de bicicleta. Ya veterano no había ganado ningún corro y le esperaba su día de gloria en un abarrotado corro de Mansilla en 1994. Luchaba la final frente a un Eloy, ‘El Ciclón’ de Campohermoso que ya era Campeón de Liga. Jorge Laureano fue a por todas y le dio dos caídas como dos soles, planas, incuestionables, pero ante la segunda el árbitro –El Rápido, creo– pitó una media que nadie vio y soliviantó al público que saltó al corro. Jamás había visto a Cayo de Celis alterado, aquel día sí. Trataban de convencer el árbitro de que se volviera atrás mientras El Chavalín lloraba de impotencia. Incluso muchos echaron en cara a Eloy que no le levantara la mano. La final siguió y El Ciclón se llevó la victoria.

Fue el día de gloria de Jorge Laureano con derrota. Pero la lucha paga deudas y el de La Vid acabó ganando un corro que impidiera su paso por la lucha sin victorias.

Ángel Pérez Aláez, El Paraca de Villomar, era un buen luchador de medios en los tiempos en los que la victoria era muy cara en esta categoría. La vida le llevó a trabajar en el País Vasco de los años del plomo como escolta y trabajando estaba en un atentado que casi le siega la vida y le dejó secuelas, como la sordera de un oído. Necesitaba tener la cabeza ocupada y regresó a la lucha, ya muy veterano, en pesados, para machacarse y llegar cansado al final del día y dormir. También a él la lucha le reservó una muy grata sorpresa, muy cerca de casa, en Sahechores, en un día que comenzó a llover y prácticamente nadie se quedó a ver cómo le entregaban el trofeo de campeón de pesados. Pero les aseguro que ver cómo miraba al trofeo lo decía prácticamente todo.

Detrás del corro que ganaron quienes solo ganaron uno: Gelo el hermano de El Elegante, Chus de la Red, Manuel Sierra... hay una historia tan importante como la de los campeones.
Volver arriba
Newsletter