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Antonio Pereira: visión desde el Poniente

Antonio Pereira: visión desde el Poniente

OPINIóN IR

20/04/2015 A A
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Antonio Pereira: visión desde el Poniente
El 26 de marzo de 2014 cuatro lectores del Poniente tuvimos la incomparable oportunidad de hablar de nuestra pasión literaria y humana por el gran Antonio Pereira, arrancado por la siempre injusta muerte de los territorios del mundo real, pero no de nuestros corazones. Fue una hermosa celebración, auspiciada por la Universidad de León, la Fundación Antonio Pereira y, entre otras, por esas dos figuras imprescindibles para mantener viva la memoria del escritor villafranquino, el profesor José Enrique Martínez y la mujer del propio Antonio, nuestra muy querida Úrsula Rodríguez.

Ahora sale a la luz el resultado de aquellas charlas y conversaciones celebradas un 26 de marzo en la ciudad de León: acaba de publicarse el breviario que hace el número siete de los editados por la Fundación Antonio Pereira. Estos breviarios son elegantes, bellos y delicados. Y formar parte de ellos no puede ser otra cosa que un gran honor. Creo que conocí a Pereira, de forma muy superficial al principio, apenas intercambiamos un par de saludos, precisamente en las dependencias de La Crónica, en la década de los 80. Después, mi amistad con él creció de forma exponencial, a cada libro, a cada entrevista, a cada encuentro. Nunca en León: la mayoría de las veces eran encuentros en Villafranca, sobre todo con motivo de la Fiesta de la Poesía, bajo la luz de harina de la alameda, o en Madrid, donde me llevaba al Café Gijón. Desde el Poniente, en Santiago de Compostela, lo entrevisté con asiduidad, vía telefónica. Nunca coincidí con él allí, aunque es cierto que Pereira solía viajar a Galicia, ya fuera porque Ponte Far lo demandaba para algún ciclo de conferencias, o con motivo de asuntos editoriales, especialmente cuando se tradujo a la lengua gallega ‘Cuentos de la Cábila’, en Editorial Galaxia. Hablábamos para la prensa, para la radio, o simplemente por el gusto de hacerlo. No había novedad suya que no me hiciera llegar, de inmediato, siempre acompañada de un breve texto manuscrito, con su caligrafía cuidadosa y redonda. Hay registros grabados de algunas de esas conversaciones, y he vuelto a escucharlos ahora para escribir sobre nuestra larga amistad. Toda su pasión por el Poniente, del que se consideraba miembro de pleno derecho, por ancestros y afinidades geográficas (igual que su pasión por Portugal), aparece recogida en este séptimo volumen de los hermosos breviarios de su Fundación. Un honor poder recordar aquellas últimas tardes con Pereira, irrepetible constructor de historias, maestro indiscutible de las palabras, ser humano extraordinario.
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