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Antípodas

Antípodas

OPINIóN IR

24/11/2022 A A
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Antípodas
Tiene razón Rubio cuando escribió, en su artículo del domingo pasado, que la vida en un pueblo no es siempre de color de rosa, porque, para tú desgracia, tienes que ver a los hijos de puta, que les hay, aunque no quieras. Es un gran hándicap, no cabe duda, que enturbia los amaneceres y los atardeceres de película rancia, los paseos en los que te tienes que pegar con mosquitos del tamaño de un B-52 o en los que tienes que huir como un cobarde porque te atacan varios mastines que tienen toda la pinta de sabuesos de Baskerville llenos de rabia y de malas intenciones. Si esto sucede, que sucederá tarde o temprano, la culpa no será de los chuchos, sino del amo, que es quién no los educó como dios manda cuando eran cachorros y les permite esos y otros actos alevosos y criminales. Vivir en el pueblo no es un poema bucólico y pastoril, ni mucho menos. También, es cierto, suceden cosas que son impensables en una ciudad. Por ejemplo, si tu vecino del 4º izquierda se va de vacaciones a Australia, no se enterará ni dios o muy poca gente; sólo su familia y algún familiar muy cercano. Sin embargo, si se las pira uno del pueblo lo sabremos todos y será tema de tertulia y discusión en el bar todas las mañanas, algún mediodía y casi todas las noches. Qué porqué habrá ido al culo del mundo, qué si será porque habrá conocido a alguna lagarta por Internet, que se abrió para superar un desengaño amoroso o de otro tipo, etc, etc. Cuando resulta que tú eres muy amigo del sujeto, no te libra nadie de esas u otras preguntas parecidas, a las que contestarás como buenamente puedas o se te ocurra en el momento. Incluso, serás capaz de afirmar una cosa hoy y la contraria mañana..., ¿qué más da? Lo importante es hablar del tema, para que no decaiga, para que sintamos que el propio está presente con nosotros aunque se halle en las antípodas. Lo fetén del tema es que seamos uno con él, en su ausencia que, al mismo tiempo y aunque parezca paradójico, es una presencia real.

Otro ejemplo: si falta Pepito o Manolito al café dos días seguidos, sabes, de inmediato, que algo ha pasado, y lo llamarás por teléfono o te acercarás a su casa para saber si sigue respirando o si, por el contrario, tienes que preparar su viaje a la Costana (el cementerio de mi pueblo se encuentra en este pago). En la ciudad, y cuanto más grande peor, puede suceder que el pobre paisano esté palmera en su piso durante una semana y que sólo lo sepan las moscas y los gusanos. Una putada...

Además, en los pueblos somos más listos que en la ciudad, ¡dónde va a parar!, porque aunque no tengas ni puta idea de que es Australia y los australianos, entrarás en la ‘whiskypedia’ y aprenderás todo de ese continente-isla para poder fardar al día siguiente de tus conocimientos. Y dejarás acojonado al personal diciéndolos que el pollo está en Queensland, al lado de la Gran Barrera de Coral, y que visitó, como que no quiere la cosa, el monte Uluru, un promontorio de roca perdido en medio de ningún sitio, el tótem de los aborígenes por antonomasia, en una excursión organizada por la ursulinas de Brisbane. Y que, a poco que se esfuerce, visitará, en el Territorio del Norte, los lugares en los que se grabó ‘Cocodrilo Dandy’, pero sin chica americana enamorada. Y que, en una tarde calurosa y aburrida, se acercó a un corro de chapas, (sí, sí, ¡de chapas!) en un pueblo y ganó un pastizal, porque ese deporte, las chapas, es el nacional, no el rugby o las carreras de caballos. Y todo gracias a un preso de Mayorga de Campos o de Valencia de Don Juan, no se sabe a ciencia cierta, que dio con sus huesos en una cárcel inglesa y fue llevado a purgar su pena en las antípodas por orden del rey Jorge V, al que Dios guarde, y en los momentos de aburrimiento de la travesía, les enseñó a jugar a sus compañeros de presidio.

Sí, los de pueblo somos la hostia..., y más los de Vegas, a los que no se nos pone nada por delante. «Amamos la lucha, aún odiando la guerra, y no queremos paz sino victoria». Y este aserto lleva consigo el que discutamos por cualquier tontería, aún la más nimia, y que, aunque nos demuestren que estamos equivocados, no cejaremos en nuestro empeño de demostrar que la razón es nuestra, reconociendo sólo nuestro error con la boca pequeña y en ‘petit comité’, nunca en público,no vaya a ser...

Pues eso: para los jóvenes que me leen y que, gracias a los distintos planes de estudio que les han tocado, no tienen ni puta idea de que es Australia, deciros que su capital es Canberra, que su ciudad más grande es Sidney y que son más ingleses que los propios hijos de la Gran Bretaña; que son buenos jugando al rugby, aunque pierden casi siempre con los de Nueva Zelanda, y que tienen más ovejas que habitantes, unos vinos curiosos y mucho terreno virgen en el que no viven ni las lagartijas. Pues eso... Salud y anarquía.
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