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Antípodas

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OPINIóN IR

24/11/2022 A A
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Antípodas
Posiblemente sea un tanto exagerado, pero para a mí la cultura digital basada solamente en internet siempre me trae a la mente la famosa fábula de Hans Christian Andersen ‘El Rey Desnudo’. Un rey pide a unos mágicos sastres, que casualmente llegan a su reino, que le confeccionen el traje más original y bello del mundo. Y así lo hicieron. Le comunican al monarca que le han hecho un hermoso traje invisible que «sólo los tontos no pueden verlo». Con esa amenazante premisa desnudan al rey, le colocan el peculiar traje, le cobran una fortuna y, aunque él se ve desnudo y sus consejeros también lo ven, nadie se atreve a denunciarlo y todos están encantados contemplando al monarca desnudo paseando por su palacio. Un día decide exhibirlo también al pueblo. Todos se callan a pesar de verle desnudo hasta que un niño exclama: «¡El rey está desnudo!» Tuvo que ser un niño inocente el que se atreviera a decir la verdad y así se descubrió el engaño.

Mi generación ha sufrido un cambio vertiginoso en el mundo de la educación. Hemos pasado del tintero, la tiza, el catón o la enciclopedia de Álvarez a una peligrosa adicción a los artilugios tecnológicos. He conocido colegios que tienen permitido el uso del móvil y en los recreos los alumnos se centran en la ‘maquinita’ olvidándose por completo de la solidaridad y el compañerismo. Es que el abuso de las redes sociales no deja espacio para la amistad y el encuentro entre los alumnos.

Una vuelta de tuerca más. Está llegando a los colegios la plaga que aboga por una enseñanza sin libros de texto, con el visto bueno de los padres que se han dejado convencer por la propaganda de que así sus hijos van a recibir una educación mejor que la que ellos recibieron. Posiblemente van ayudar en el propósito de convertir a sus hijos en analfabetos funcionales. Fuera libros de texto, fuera escritura, fuera dibujo. Hay que erradicar las mochilas pesadas, no perder el tiempo escribiendo a mano, que nadie vuelva a empuñar un pincel. Mucho mejor que los niños permanezcan ensimismados delante de la pantalla que se lo da todo resuelto, sin esforzarse en aumentar la capacidad de concentración y la tendencia a la dispersión. ¿Para qué el esfuerzo? ¿Para qué poner atención? ¿Para qué gastar nuestra memoria?… Si todo lo tenemos a mano en la pantalla.

En la era digital en la que nos encontramos parece que sin internet no existes y todo lo demás no tiene valor. Cuando aparecieron los primeros ordenadores en los colegios yo estaba trabajando en un instituto de Tarragona con un prestigioso profesor de matemáticas, Pedro Castro, que respondió en un claustro a la nueva tendencia digital: «Con una tiza y en una pizarra también se puede enseñar matemáticas».

Hace unos meses, nuestra Ministra Celaá, en la presentación del nuevo currículo de la Lomloe proponía como «perfil de salida» que apuesta por el aprendizaje de competencias, es decir, por el ‘saber hacer’, a la vez que reduce la carga de contenidos, o sea, los alumnos tendrán que memorizar menos. Pero no todos coinciden en centrarse en las competencias subestimando la memoria y los conocimientos. Las competencias son necesarias, pero las competencias se aplican sobre unos conocimientos, no sobre el vacío. Competencias y conocimientos van interrelacionados. Coincido con la ministra en su idea de memorizar menos y más «saber hacer». Ojalá cada alumno adquiera destrezas para resolver problemas en situaciones concretas, mejor que aprenderse de memoria listados de palabras que luego no sabe qué hacer con ellos. Por supuesto, es absurdo aprender de memoria por el mero de hecho de retener contenidos, pero es necesario memorizar los contenidos que sirvan para resolver problemas. En resumen, no podemos tener las competencias si antes no hemos adquirido los conocimientos.

Ahora parece que sin la ayuda de San Google ya no podemos vivir. En Internet es posible adquirir mucha información, pero la educación y la formación es algo muy diferente que solo se consigue con el estudio y esfuerzo. La premisa de una gran parte de la juventud actual es que «es de tontos perder el tiempo en memorizar porque todo está en Internet». ¿Qué peligro tiene esto? Como Google siempre responde no gastemos espacio en nuestro cerebro aprendiendo nada. Corremos el riesgo de que algún día un inocente grite: «Esta juventud está desnuda, no sabe nada». Ojalá alguien exclame esto muy alto para que nos demos cuenta del engaño.

Decía Aristóteles que «el hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que ya sabe, y sabe lo que recuerda».

Por supuesto que soy consciente de los excelentes valores con los que internet ha transformado el mundo actual. Por supuesto que yo estoy convencido de que en sólo 25 años ha cambiado nuestras vidas para bien. Pero el abuso puede llevarnos a mentes totalmente desnudas que necesiten de Google para sumar dos más dos, quién fue Platón, qué es el Ródano o el participio de cantar.

Pienso que la virtud siempre está en el medio. El buen uso es una maravilla. El abuso siempre un desastre.
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