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Amistades y política

Amistades y política

OPINIóN IR

05/06/2022 A A
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Amistades y política
El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, no puede tener amigos empresarios. Óscar Puente, el alcalde socialista de Valladolid, sí. Es la conclusión que se alcanza después de que el primero haya sido acusado por el PSOE de inmoral y de practicar el amiguismo, por viajar a París con un señor que se dedica a los negocios y que fue procurador del PP en las Cortes autonómicas durante 11 años. Y que es de Salamanca. Igual que Mañueco. Como es natural, esa valoración hipócrita proviene de la habilidad que tienen los ahijados de Luis Tudanca para barrenar la honorabilidad ajena. Difama, que algo queda. Y en mayor medida en el mundo de la política.

A raíz de ello está muy claro que el PSOE de Castilla y León está a las caídas. Todo le vale. Igual que a esos autónomos sin alta declarada en la Seguridad Social, quienes revuelven en los contenedores y las papeleras para ganarse la vida. La diferencia estriba en que mientras los primeros pisan moqueta y parqué, los segundos –haga frío o calor– viven abocados a una crisis existencial permanente.

Pues bien, lo último que han hallado los socialistas en las bolsas de los desechos es una fotografía de Alfonso Fernández Mañueco en la capital de Francia, la también conocida como Ciudad de la Luz. Hasta tierras galas se fue el ‘amo’ de la Junta con el fin de presenciar la final de la ‘Champions’ entre el Real Madrid –del que es forofo declarado– y el Liverpool. Pero cuate, aquí hay tomate, pensaron los acólitos del puño y la rosa, y la voz acusatoria de Ana Sánchez, la secretaria de Organización del PSOE castellano y leonés, retumbó con escándalo en la sala. Como cuando los camiones de la municipalidad descargan los receptáculos del vidrio. ¿El pecado?, que en la foto aparece el dueño de la adjudicataria de los test de antígenos durante la última ola pandémica en la autonomía. Anatema. Mañueco –demandaba Sánchez– tenía que dar explicaciones, presentar facturas y hasta aclarar cómo se había abonado la entrada del partido. De momento, y a falta de otro pan que llevarse a la boca, le tildaba de deshonesto.

En un escenario parecido –el fondo es el mismo– se vio el alcalde de Valladolid. También había compartido ocio y mar con un proveedor ocasional del Ayuntamiento, que es amigo personal. Y Puente, que se negó a dar explicaciones sobre el asunto porque atentaba contra su vida particular, salió airoso del trance que se le imputaba y que lo había llevado, incluso, a los juzgados. La denuncia se quedó en nada. Tenía todo el derecho del mundo a no abjurar de una relación de amistad. El mismo que tiene Mañueco para ir al fútbol con quien le dé la gana, por mucho que se empeñen en contrario los locuaces socialistas.
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