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Ámbitos disjuntos

Ámbitos disjuntos

OPINIóN IR

08/02/2021 A A
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Ámbitos disjuntos
Peleas de gallos, digo de poetas. No es ese el asunto. En las fábulas parece que los protagonistas son los conejos, las urracas, o las liebres, y no son ellos los que importan sino la ‘moraleja’ que se extraiga de sus fingidas andanzas. El asunto es ‘la incómoda gloria’ o ‘los ámbitos disjuntos’. Y nace de que el gran escritor Andrés Trapiello y el andaluz García Montero, se han enzarzado con ocasión de que al finado poeta catalán Jaime Gil de Biedma se le haya metido, sus cosas, en una caja del Instituto Cervantes. Sostiene el leonés que no es de recibo que el poeta haya hecho públicos sus ‘marraneos’ (Juanita la de Pontedo dixit) con niños filipinos, estipendio mediante, en sus tiempos de juventud, años cincuenta, siendo empleado de su propia compañía, Tabacos de Filipinas. Y sostiene el poeta contrincante, presidente del Instituto Cervantes, que nada tiene que ver la obra con el comportamiento social de su autor. A ellos dos se van añadiendo infinidad de contendientes: Pau Luque, Félix Ovejero, Anna Caballé, Arcadi Espada, Andreu Jaume, Ignacio Echevarría...

Nosotros no terciamos en la lid. Rememoramos aquello de los romanos de que la mujer del Cesar no solo debe ser honesta sino también parecerlo, y nos proponemos reflexionar sobre cómo la mayoría de los escasos lectores de poesía celebran que poetas como Antonio Machado hayan conciliado tan bien esos ámbitos disjuntos, la ética y la estética, que conviven en los seres humanos, sean artistas, políticos, albañiles, o payasos. Y, porque el público vea que no esquivamos el bulto en asunto tan singular, sostenemos que cada cual, incluso cada generación, está en su derecho de admirar el arte, (escultura, pintura, música, poesía, etc.) «con sus propios ojos» es decir, con el bagaje cultural propio. Incluso con las anteojeras mentales que le coloque su propia cultura, su religión, su status social, etc. No son los artistas quiénes, por su condición de tales, para marcar las reglas de juego. Y así, si unos veneran a Don Antonio Machado, o Unamuno, y su obra porque ven en ellos y en sus escritos una coherencia vital, algo extraordinario, otros, en cambio, a Verlaine y Rimbaud a quienes el presidente galo ha negado, por motivos morales, el derecho a ser enterrados en el panteón de ilustres de su patria.

¿Ámbitos disjuntos, el autor y su obra? ¿Incómoda gloria la que el Instituto Cervantes concede a Jaime Gil de Biedma? ¿Ética es estética? Puede que en estos momentos una fábula de perros y gatos, pero en algo hay que gastar el dinero y los esfuerzos que el estado ahorra en asuntos culturales importantes.
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