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"Alguien tendrá que hacerlo para que no se vaya a hacer porrasca"

"Alguien tendrá que hacerlo para que no se vaya a hacer porrasca"

SEMANA SANTA IR

Mili González Pantigoso prepara las velas, al lado del ‘cepillo’, que también será ella la que lo tenga que pasar cuando llegue el momento. | F. FERNÁNDEZ Ampliar imagen Mili González Pantigoso prepara las velas, al lado del ‘cepillo’, que también será ella la que lo tenga que pasar cuando llegue el momento. | F. FERNÁNDEZ
Fulgencio Fernández | 15/04/2022 A A
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"Alguien tendrá que hacerlo para que no se vaya a hacer porrasca"
Cristos para una cruz Mili, "Sacristana" para todo
"¡Coñe! Alguien tendrá que hacer las cosas ¿o es mejor que se vaya todo a hacer porrasca?". Coñe y hacer porrasca son palabras propias de Mili, la mujer para la que todos miran en Cármenes cuando de asuntos de la Iglesia se trata. También ‘cojona’, pero ésa no quiere que la ponga, así que no se la tengáis en cuenta. Porque Mili González Pantigoso es pura espontaneidad y una de esas mujeres que no sabe estar sin hacer nada, que no para quieta, que tiene metido dentro lo de ayudar y "no pregunto ni a dios ni al diablo, lo hago".

Y es que lo mismo toca la campana, coloca las flores en el altar, enciende las velas, lava y plancha albas y casullas, te dice los horarios de las misas, localiza al cura para un funeral que hace gorros para los presos, baila una jota tocando la pandereta o canta una de esas canciones tradicionales que guarda en un repertorio eterno. De repente se acuerda que tiene que ir a hacer la comida y ‘sale como el tío los mixtos’: "Ahí os quedáis, a hacer porrascas que a mi nadie me hace la comida y Ángel está al llegar... si viene".

No todo en Semana Santa son procesiones multitudinarias, ni pasiones vivientes o cristos mineros y camioneros. La manida España vaciada también sigue con sus ritmos y sus carencias. Incluso la no tan vaciada y junto a noticias de los llenos históricos se cuelan otras de pasiones vivientes que no se hacen por falta de personal (como las de La Robla o Corullón).

Este Jueves Santo, apenas diez vecinos esperaban el comienzo de los oficios en Cármenes. "El domingo igual éramos cerca de veinte", dicen las tres integrantes del coro —Julia María, Nieves y Nuni— que se quejan de que "el cura empieza las canciones muy alto y nos revienta, da igual igual que se lo digamos que no".

Y eso que existe una gran tradición musical en Cármenes, con un recordado Coro Flor del Viento que además de cantar en la iglesia ofreció un buen número de conciertos por la comarca y hasta grabó cinco o seis discos, uno de ellos en el Auditorio de León. "Pero eso era antes... y en verano", lamentan.

- Mili, ¿y eso de hacer gorros para los presos?
- Bueno, para los presos y para muchos que están en libertad, con tal de que no pasen frío me vale. Lo que pasa es que el cura de aquí también es el cura de la cárcel  y me comentó que en invierno algunos pasan bastante frío y les hago unos gorros de lana que te digo yo que frío no pasan.



Ella siempre prefiere hacer, no para esta mujer que por la actividad y el espíritu que tiene nadie diría que ya supera los 80 años, "aunque a mí sí me van  pesando, que antes bajaba y subía sin pensarlo y ahora ya me cuesta... si me lleva alguien en coche lo agradezco"; explica, pues vive ‘en las últimas casas del pueblo’ y la tienda y los bares están hacia el otro lado. También la iglesia, a la que baja con frecuencia a hacer las faenas propias de su condición de "sacristana para todo" pues cuando algo ocurre la solución siempre es "llama a Mili" y ella localiza al cura, pacta el horario y lo que sea necesario.

Mili no es nacida en el pueblo, pero nadie se atrevería hoy a cuestionar su vecindad. Llegó hace décadas cuando su marido, el ya fallecido médico Antonino, se hizo cargo de la plaza en la que permaneció hasta su jubilación, cuando se fueron a la casa que se habían hecho para quedarse definitivamente en esta Montaña.

Mili, que venía de trabajar un buen número de años en una clínica leonesa, era en las primeras épocas la que ponía las inyecciones antes de la llegada de las enfermeras al mundo rural, después atendió ‘el botiquín’ y podía llegar al último rincón del ayuntamiento  para llevar aunque fuera una pastilla... y la alegría que irradia, recordando sus años de bailes y panderetas...

- Digo yo que alguien lo tendrá que hacer para que no se vaya todo a hacer porrasca.
Alguien no. Ella.
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