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Al pueblo, ahora no

Al pueblo, ahora no

OPINIóN IR

16/03/2020 A A
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Al pueblo, ahora no
Querido paisano que vives en Madrid, en Barcelona, en el País Vasco o en algún otro lugar de esta nuestra España al que un día decidiste marcharte desde tu pueblo, en León, cuando te dio la gana y sin dar ningún tipo de explicaciones; cuentas que, al fin y al cabo, nadie y acaso tu familia te pidió porque cada uno es libre de elegir dónde quiere vivir.

Amigo leonés, permíteme que te diga que recordar estos días que tienes una casa o familia en el pueblo cuando te obligan a quedarte encerrado dos semanas en Madrid o en otra capital, con los niños sin colegio y sin tener que ir a trabajar ni tú ni tu pareja porque estamos en una situación sanitaria muy delicada, es lo mismo que acordarse de Santa Bárbara cuando truena o de la Virgen del Castro cuando no llueve.

Te pongo estos dos ejemplos muy leoneses porque tal vez no te acuerdes de que la minería fue para nuestra tierra una de las principales fuentes de riqueza –del oro negro de León se llegó a hablar– y la gente del campo que es motor económico de esta provincia llega con devoción al santuario de la Valduerna cuando la sequía amenaza las cosechas.

Claro, que en un Madrid donde muchos se piensan que las carnes, frutas, verduras y hortalizas se crían en las cajas verdes y en las estanterías del supermercado, hablar de los problemas del campo es perder el tiempo. Como también es perder el tiempo contarle a un tipo que vive tan a gusto en una gran ciudad que en León, en su provincia, hay muchos pueblos con diez vecinos y una media de edad de ochenta.

Y esos diez vecinos con una media de ochenta son felices en su casa a pesar de que no tienen un supermercado y tiendas de todo a cincuenta metros de casa, la parada del metro a otros cincuenta, el aeropuerto a quince minutos o un hospital tres calles más allá de donde viven. Se conforman con saber que el panadero pasa cada cuatro días, que el médico irá una vez a la semana, la semana que toque, o que la farmacia está a cincuenta kilómetros.
Por eso, si no te acuerdas de tu pueblo ni de la España vaciada en todo el año, no vengas ahora a llenarla por unos días ni a traer lo que no nos hace falta.
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