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Al cole en burrotaxi

Al cole en burrotaxi

OPINIóN IR

09/05/2019 A A
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Al cole en burrotaxi
Florecen recuerdos en mi tras ver la fotografía de Mauricio en la contraportada que comparte con el ‘tío Ful’ del pasado lunes en este periódico. Fui a la escuela del pueblo desde los 6 hasta los 10 años. Al cumplir la primera decena, como ya era mayor, me mandaron al instituto, siempre con jornada partida y con semana inglesa (sin clases los miércoles por la tarde pero si los sábados por la mañana). Cuatro veces al día tocaba caminar. En el pueblo la escuela estaba a unos pocos minutos de casa. Cuando hubimos de trasladarnos hasta el pueblo vecino para hacer el bachillerato, el viaje ya duraba algo más de media hora por cuatro veces cada día. Tanto en uno como en otro caso, eran momentos de auténtica felicidad. Eran momentos de compartir risas y juegos, charcos y carámbanos, sabañones y pies mojados. Al llegar a la escuela todo se arreglaba en una esquina del aula con la estufa de carbón que nos llenaba de calor y nos cargaba los pulmones de vapores azufrados. A media mañana un reconfortante vaso de leche en polvo (de los americanos le decíamos) que nos parecía mucho mejor que la leche de verdad, de vacas de verdad, que todos teníamos en nuestras casas. Supongo que nos gustaba más la leche en polvo porque nos sabía a sueños, a aventura americana, que era por aquel entonces la mejor de las aventuras ¡Cuan equivocados estábamos! Nunca disfruté del lujo de ir a la escuela en coche, ni siquiera en el ‘bus’ con serones de la foto aludida. A lo más que llegábamos era a montar en jamelgo sin silla cuando pastaban en prado vecino en las escasísimas ocasiones en que no estaban trabajando como ‘auténticos burros’. Ya crecidos, ocasionalmente viajamos en bus con escaleras al cielo (al cielo del autobús), que eran aquellos buses sacados de una película de Berlanga que recorrían los polvorientos caminos de la por aquel entonces NO vacía España. Cuánto nos hubiera gustado que alguna vez nos dejaran ir a la escuela montados en aquellos burros con serones cargados de polvoriento carbón.
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