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Agujero

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OPINIóN IR

22/05/2022 A A
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Contrariamente a lo que los ignorantes podíamos suponer, los agujeros negros brillan, tal y como hemos comprobado a través de las imágenes difundidas de Sagitario A*, ese monstruo que habita en el centro de nuestra galaxia. Es decir, no siempre lo que sugieren a primera vista ciertos significantes se corresponde con aquello que referencian.

Sucede así con la filosofía. Podíamos considerar, de entrada, que quienes a ello se entregan son gentes con conocimientos éticos que se convierten en valores y que se expresan después en comportamientos. Pero no. Sabemos ahora gracias a la Presidenta de la Red Española de Filosofía, Concha Roldán, Directora a su vez del Instituto de Filosofía del CSIC, que en su disciplina ella encuentra cada vez más profesionales que militan en el partido del odio. Dicha declaración engrandece nuestro agujero negro particular y conduce al derrumbamiento de dos ideas casi sagradas: que el conocimiento aleja de la superficialidad y que la educación es la vía para la superación de la mentira mediante la responsabilidad ética. Va a ser que no. Y va a ser que algunos brillos se apagan.

No queda mucho, pues, a lo que agarrarse en esta sociedad desideologizada y sometida al discurso plano digital. Al menos en sentido teórico. No quedan ni los filósofos, bastante silenciados ya de por sí o directamente callados por propia y controvertida decisión. Queda, claro, la militancia en lo que es contrario a ese rumbo ennegrecido, y hay donde hacerlo, y queda, en un campo mucho más cercano, fortalecer la red de apoyo mutuo que construimos a lo largo de la vida: la familia, o parte de la familia (tampoco vamos a exagerar), los amigos y amigas del alma, el amor, la camaradería…

Verdad es que la enfermedad, los individualismos y otras ñoñerías muy de ahora le han restado prestancia y urge su abrillantamiento. Con audacia. De lo contrario, el agujero negro no se situará, como cuentan, a 26.000 años luz de nuestro planeta, sino que viviremos sumidos en él a perpetuidad.
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