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Agosto

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OPINIóN IR

09/08/2020 A A
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Agosto
Agosto es posiblemente el más estúpido de los meses. De hecho, es el gen original de un campo semántico sin consuelo: agostar, marchitar, secar, mustiar, ajar, abrasar, asolar… Durante un tiempo, cerradas a cal y canto las vidas pública y privada, era tal la sequedad de estos días que los medios de comunicación se veían obligados a generar noticias ñoñas para completar su parrilla hasta que descubrieron la fórmula de los suplementos estivales, mucho más desenfadados, y las serpientes de verano desaparecieron de los titulares.

Este año, sin embargo, esas serpientes han mudado de piel para transformarse en filas de individuos afectados por regulaciones de empleo en pos de unas ayudas de última hora. También en otras compuestas por quienes se agolpan a las puertas de los centros de salud por aquello del triaje, a las puertas de los bancos, a las puertas de las panaderías, a las puertas de las oficinas de correos… Cada una de esas colas daría suficiente de sí para colmar todos los suplementos de este agosto deslucido, nada que ver por cierto con aquellas otras de años precedentes en ventanillas de estaciones o a la entrada de algunos establecimientos culturales considerados de consumo obligatorio. El paisaje ha cambiado para acentuar el tono lánguido. Sobre todo, si lo observan, porque en las colas de hoy nadie habla con nadie, nadie reconoce a nadie detrás de las mascarillas y, aunque por eso mismo no se pueda ver, seguramente casi nadie sonríe.

Es lo que le faltaba a agosto para coronarse en su trono de insipidez: que ningún familiar presuma de sus vacaciones porque no las hay o que las pocas conversaciones que se consigue mantener hayan de ser embozadas bajo amenaza de multa. Sales a pasear, cuando el calor lo consiente, y eliges regresar a casa de inmediato para no enfrentarte a semejante panorama. Y, naturalmente, tampoco alivia el frescor de la noche porque, cuentan, al parecer el ocio nocturno se ha convertido en el núcleo de todas las perversiones y contagios.

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