Publicidad
Adriano The End

Adriano The End

OPINIóN IR

12/01/2021 A A
Imprimir
Adriano The End
A veces el tiempo es capaz de derrotar hasta los sueños y una excavadora culmina en Ponferrada ese final pactado con el cine Adriano hace tres décadas, cuando su puerta dejó de respirar proyecciones. Y las ventanas comenzaron a desencajarse, y sus butacas a ser pasto de los que aman lo ajeno más que lo propio. La cubierta cedió y la fachada de la calle del Cristo, aquella que cobró forma cuando su mentor, Adriano Morán vio en los ojos de su garaje un tatuaje de cultura que llegaba, empezaba a marcar su último estertor. El cine Adriano, que comenzó a caminar en los 60 como teatro se despide en un soniquete de máquinas autistas que desconocen lo que se llevan con un guantazo de pala. La historia del Adriano se acaba y con él el último reducto de una saga de cines que desembarcaron en la ciudad del dólar trazados por el mismo patrón de nubes. Morán fue de todo y, al lado, el apellido de cinéfilo. Del camión a la panadería y en medio, una empresa que apodaría otro cine en Ponferrada, el Edesa (Empresa de Espectáculos Sociedad Anónima). El Morán llevaba su apellido y sumaba años concitando películas en su haber, que hacían historia en una ciudad inquieta. Adriano quiso que su casa fuera un cine y ahorró para desembolsar las más de 700.000 pesetas para hacerlo realidad. Dos proyectores que tal vez lloren desde el interior de unos cimientos ancianos que no pueden defenderse ante su hora, servían para dejar volar cintas dentro de un tupper de metal, listas para consumir. El Adriano comenzó a desaparecer con el fuego. En 1977 las llamas lo dejaron tan mal herido que no consiguió la remontada. Intentó ponerse en pie, pero en el 85 la caída era sobre el caparazón. Las letras del Adriano, trazadas como un relato propio en cursiva se iban borrando al paso de las lluvias. En dos meses el cine mudará a solar y el vacío tal vez sea espacio para cerrar los ojos y mirar más allá del The End.
Volver arriba
Newsletter