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Adiós a Higinio del Valle

Adiós a Higinio del Valle

OPINIóN IR

02/11/2020 A A
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Adiós a Higinio del Valle
El pintor leonés, Higinio del Valle, ha llegado a la muerte «la patria más profunda» al decir de Luis Cernuda. Se va reduciendo el grupo de los ‘claraboyos’ aquellos intrépidos jóvenes que, en la década de los sesenta del pasado siglo, iniciamos una aventura artística que nos llevó a «saltar las bardas del corral» buscando respirar un aire nuevo. Sin dejar de ser los pájaros ateridos de una infancia feliz, quisimos añadirnos a la gran bandada, desbandada, de todos aquellos que buscaban en el arte una nueva forma de vivir, dejando atrás los desastres de la gran guerra mundial y de nuestra guerra civil, aún tan reciente.

El y Antón Díez Rodríguez eran los pintores. Ellos, estudiantes en la Escuela de San Fernando; nos hablaban de Picasso, y nosotros les hablábamos de Neruda. Aunque, en realidad, todos pensábamos en primer lugar en Velázquez y en Virgilio. Creer, todos creíamos que «no hay nada más universal que lo provinciano» como tantas veces ha repetido Luis Mateo (el que más lejos ha llegado en reconocimientos públicos). Porque todo está en la sabiduría, y el arte es un cielo tan grande que caben todas las aves siempre que su vuelo sea intenso y bien acompasado su aleteo.

León nos puso en el camino. Y maestros como G. De Lama, nos empujaron un poquito. Algunos, como el primero de los desaparecidos, Agustín Delgado, que era ya el ‘primus inter pares’ iban tirando de nosotros hacia un lugar en el que nada se pareciera a lo que se estilaba entonces y hasta las palabras tuvieran un significado distinto al que le daban aquellos próceres del franquismo. Pero nada estaba escrito. Escritores y pintores fuimos evolucionando y entrelazándonos con otros que encontrábamos. Y así surgió un grupo más amplio de leoneses que fraguaron su obra y que ahora, poco a poco, van entrando por la puerta final, en absoluto silencio, como era nuestra forma de entender la vida.

Adiós, pues, Higinio. Dile a Agustín, de parte de todos, que aquí, en León, seguimos sin ser nadie, como entonces, como siempre, como mandan la costumbre y perrean los políticos. Esperadnos ahí, doquiera estéis los dos, e id preparando la mesa de redacción. Porque iremos dispuestos a fundar otra revista, en la que plasmar inquietudes nuevas para poder vivir lo que no vivimos. Para poder darle a nuestro León un poco más de cielo en el que puedan volar, libres, otros que, como nosotros, sientan la necesidad de recrear el mundo sobre otros cimientos mucho más sólidos y por el que corran otros ríos, en otros valles más abiertos y más limpios.
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