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Adéu germans (y hasta pronto)

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08/10/2017 A A
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Adéu germans (y hasta pronto)
Ya se han ido, no hay vuelta atrás.

Poco importan ya los argumentos. Poco importa la historia, esa meretriz, y la cultura, ese alcahuete, los mapas de la Edad Media con colorines y las banderitas y peroratas sobre esto y aquello. Poco importa la Constitución y las leyes poco importan ya. El sentimiento domina, se ha consumado el proceso, que era precisamente la creciente hegemonía de una sensación: la creencia en una solución simple, sustancial, afectiva. Y, como estaba previsto, se han ido.

Quizás con otros gobiernos por ambas partes, con otra política, hace años, meses incluso, las cosas habrían sido diferentes. Habrían podido convenirse soluciones que dejasen fuera de juego la exclusión y modulasen las pasiones. Pero no ha sido así. Después de tantas advertencias y de ver a ministros y al presidente reiterando que no habría referéndum, lo hubo. Y aunque fuera una farsa, la farsa se transformó en épica desde el momento en que la policía intervino. La épica que necesitaba el independentismo, la épica que les ha hecho ganar pese a todo: la que dice adiós, España. Las fuerzas de orden público hicieron su trabajo, seguramente con pulcritud, no cabe reprocharles nada: sí a quien les envió contra ciudadanos pacíficos que votaban en un supuesto remedo. Enviarlos convirtió ese simulacro en una realidad mucho más poderosa que un referendum. Fue una despedida.

En esa cuenta que ahora debemos liquidar no ayuda la reacción de buena parte de la opinión pública y publicada. ¿De dónde ha salido tanto odio? ¿Cómo no sentirse otro en medio de tales arrojos patrióticos? En toda confrontación visceral, los ‘equidistantes’ (qué palabra…) son víctimas de ambos bandos. Me niego a tomar partido, nada ni nadie puede obligarnos a ello, y creo que esa es la esperanza para muchos, quizás para todos. Pero constato una realidad: no hay retorno. Adiós.

Se han ido, sea más tarde o más temprano. Esta semana (el día 6 fue aniversario de la proclama de Companys) o el año próximo. Da igual, porque está hecho. Por ese motivo ahora, mejor temprano que tarde, hay que recomponer la cordura y reconocer que cabe acordar un buen final para que se convierta en un buen principio, una nueva relación, un hasta pronto. Debe hablarse de futuro. Convoquemos un pacto de familia, hablemos desde la fraternidad. Quitemos la razón a los que quieren enfrentarnos. Dejemos que alguien medie, desde Europa tal vez, ya que de este gobierno solo se espera más torpeza y el jefe del Estado se ha puesto del insuficiente y vetusto lado del ‘ordenamiento vigente’ (no ha entendido, qué lástima…). Quizás una vez que hayamos liberado ese nudo podamos dedicarnos a los graves problemas que tenemos pendientes todos; catalanes, españoles, europeos. Estas son líneas de una despedida dolorosa. Siento que os vayáis, siempre seréis hermanos. Son días tristes; hagamos que los venideros no lo sean más.
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