Publicidad
Acariciar la infancia

Acariciar la infancia

OPINIóN IR

26/07/2021 A A
Imprimir
Acariciar la infancia
¿Al fin y al cabo, a qué otra cosa volvemos si no es a acariciar la infancia? Una infancia que acaso no se dejara acariciar entonces lo suficiente por culpa de la precipitación de los tiempos; y unos recuerdos que han seguido condicionando todo este tiempo nuestra forma de envejecer.

Tal vez tenga razón nuestro Jesús Torbado, cuando escribe: «El olvido es la suerte de los mejores» (Cuento: ‘Amazonas’) pues que siempre aflora esa inquietud por rememorar aquellas formas de vida campesina que, después de generaciones, han desaparecido ya. Por ejemplo el trato con los animales. ¿Quién no recuerda a su madre acariciando a un ternerillo? ¿O, a su abuela, en medio del corral, repartiendo grano a todo tipo de gallináceas y palomas? ¿O a los jóvenes tíos cebando a cerdos, ovejas, caballos, vacas, y demás fauna doméstica, sin dejar ni un momento de cantar?

Pero, puede ocurrir que todo ese pasado no esté disponible ya. Son demasiados los casos en que aquel espacio natural ha sido apropiado por elementos que, cual ‘okupas’, se han apoderado de nuestros recuerdos y han llenado nuestro ayer de trampas difíciles de esquivar. Por ejemplo al cronista, se le reprocha acariciar a un perro ajeno y darle un rebojo de pan. Es una gran perra, vieja ya, que cada año acude en busca de caricias a la puerta y se tumba esperando una mano amiga, lo que, al parecer, atenta contra alguna ley. Porque es una perra del ganado y ustedes la quitan de cumplir con su función. Cosas más necias se escuchan en el parlamento y no pasa nada. Sea pues.

¿Nosotros? ¿Las caricias? ¿El rebojo de pan? La única pregunta, en tiempos de democracia es esta: ¿Lo prohíbe alguna ley? Pero lo que subyace es que no queda otra que interpretar que a uno le están diciendo cómo les dicen los gringos a los emigrantes italianos y españoles: «Dago go home». La diferencia es que tal vez ese insumiso que te recrimina que acaricias a su perro labrador es el mismo que se aprovecha de la situación.

¿Es que, además de la infancia, también habrá que acariciar la mezquindad? Pregunta que recuerda pasados episodios en que algún prócer de infeliz recordación nos llamaba: «Leoneses de sábado a lunes» y al que colmaba de honores nuestro (también y todavía nuestro) León. Como escribió nuestro Luis Mateo en el prólogo de un libro en 2006: «Ser de un sitio, venir de alguna parte, volver donde ya no nos esperan» (León, una mirada literaria). Es regresar a en busca de acariciar una infancia que se fue con nosotros y ya no está.
Volver arriba

Newsletter