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¡¡¡Aaaafiladooor!!!

¡¡¡Aaaafiladooor!!!

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Luis, afilador a la antigua usanza, con la bicicleta, y de Orense, que son los mejores, ya que en esta tierra nació está histórica profesión. | F. FERNÁNDEZ
Fulgencio Fernández | 04/04/2021 A A
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¡¡¡Aaaafiladooor!!!
Tradiciones Luis es afilador a la antigua usanza, de bicicleta, hijo y nieto de afiladores, "de Orense, que somos los mejores"
Luis hace sonar su armónica casi de juguete pero con mucha historia, como delata el ver que está pegada con esparadrapos, y vocea con fuerza: «¡¡¡Afilador!!! Cuchillos, tijeras, navajas ¡¡¡Afilador!!!».

Aunque poca gente sale a darle trabajo se mueven los visillos de todas las ventanas. Es un sonido y unas frases cargadas de historia, recuerdos y memoria. Una mujer ‘le riñe’: «Viene el afilador... esta tarde llueve. Siempre se dijo».

Y aquella tarde (el viernes)llovió. El afilador sonríe. «Será bueno para el campo, ¿no tiene algún cuchillo, tijera, que afilar?».

Luis, así se llama, interpreta la callada por respuesta y también ofrece su diagnóstico de la España vaciada, aunque poco amigo de tópicos, no cae en la expresión. «Hablan de que los pueblos se mueren; te lo digo yo que lo sé muy bien. No queda nadie en los pueblos, cuatro viejos, lo veo cada año que pasa».

- ¿Pero viene todos los años?
- Todos, sin faltar ninguno desde hace muchos. Yya venía mi padre, y mi abuelo, que también fueron afiladores. De los buenos, que somos de Orense.

Cuenta Luis que recorre toda la provincia, pueblo a pueblo, tocando su viejo chiflo, montando su bicicleta y a base de pedales moviendo las piedras de afilar. «Mete el cuchillo en agua cinco minutos y ya está para cortar, verás qué diferencia.

No corren buenos tiempos para el oficio. Los pueblos se vacían. Han proliferado las ventas de cuchillos de escasa calidad, más bien de usar y tirar, no hay matanzas domiciliarias...

- ¿No venían siempre para las matanzas los afiladores?
- Eso es lo ideal, pero yo no puedo estar en noviembre en todas partes y también tengo que vivir el resto del año, que esto deja poca ganancia.
- ¿Cuánto cobras?

Sonríe y no dice nada. Pero cada cual que eche la cuenta como le parezca. Por cuatro cuchillos, una tijera y un hacho de la mina, «bien afilados», se quedó pensando: «Dame 30 euros».

Mientras habla se toma descansos. Saca el chiflo, lo hace sonar, se mueven los visillos y vuelve a vocear: «¡¡¡Afilador!!!».
Y va contando las muchas historias que en tantos años le van ocurriendo, pueblo por pueblo.
-
¿Porqué repites lo que eres de Orense?
- Porque de allí son los mejores afiladores. Y los primeros.

Y cuenta Luis, hijo y nieto de afiladores, cómo allí está el origen del oficio, concretamente en el municipio de Nogueira de Ramuín, de donde marcharon los primeros afiladores con sus tarazanas, aquellas bruedas enormes, casi como las de una carreta que aparecen en tantos dibujos, protegidas por un armazón de madera y una gran correa, y que el afilador iba empujando mientras hacía camino. Aquel pesado artilugio, que muchas veces requería ayudarse de un animal para llevarlo, se fue mejorando, se pasó a una rueda más sencilla, llegó la aplicación a la bicicleta —tal y como la lleva Luis— y en la actualidad ya triunfan las motos y otros artilugios... «La bicicleta es lo de toda la vida», dice el gallego de Orense.

- ¿Y hachas afila?
- Pues claro, todo se afila... Ya verás la diferencia.

¡¡¡Afilador!!! Se mueven los visillos
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