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A Pulión no le vendes el kilo a lo que compraste la arroba

A Pulión no le vendes el kilo a lo que compraste la arroba

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Fulgencio Fernández | 01/12/2019 A A
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A Pulión no le vendes el kilo a lo que compraste la arroba
Los inolvidables Pulión, como le llamaban sus paisanos, es uno de esos personajes que deberían estar subvencionados, por la alegría que irradian, por las anécdotas que protagonizan y, además, son grandes trabajadores
La biografía de Napoleón el de Mataluenga está marcada por un hecho que fue muy relevante en su biografía, haber protagonizado un capítulo de una seguida serie de TVE, cuando solo había una y la veía todo el país. La serie era ‘Vivir cada día’ y en cada capítulo recreaban una situación de la vida diaria, en el caso del leonés era cuando triunfaba en el cine Paco Martínez Soria con películas como ‘La ciudad no es para mí’ y TVE llevó a Napoleón a Madrid para que «estuviera en la capital de España cuatro meses en Madrid llevando una vida como la del actor en la película». ‘Napoleón: Villa y Corte’ se llamaba el capítulo y el leonés sorprendió con su gracia y habilidad para sortear las trabas que le ponían en el camino. «Me mandaron a comprar un reloj a esos que les llaman ‘perucos’ y ya les dije yo nada más que vi por dónde venían: queréis vender el kilo a lo que comprasteis la arroba y eso no es para Pulión». Y es que con este apodo conocían a Napoleón muchos de sus vecinos.

Cuando Napoleón regresó a Mataluenga y le preguntaron por la experiencia pronunció una de esas frases que quedan para siempre en los titulares buscados en las hemerotecas: «Pues yo, la verdad, es que nunca malicié que iba a ser el principal». Y es que a este paisano le gustaba el teatro, trabajaba en las comedias que se representaban en el pueblo y le descubrieron la evidente vis cómica que tenía como para llevarlo a aquel Vivir cada día en el que triunfó «siendo el principal. Yo a la farándula le saqué lo que disfruté, más no hubo».

No era una ocurrencia aislada, a Napoleón le salía así la forma de contar la vida, incluso en aquellos pasajes que nada tenían de comicidad. Un ejemplo era la situación que le tocó vivir en su propia infancia. «Yo conocí a mi padre, que era maestro y preparado, cuando ya tenía 14 años. Me dijeron, ‘ahí tienes a tu padre’ y nos abrazamos. Las cosas de la Guerra, que lo tuvieron por el mundo adelante».

Era su forma de hacer camino, de despertar buen rollo a su alrededor, de ser, como él mismo decía, «de buena conformidad aunque no hubiera motivos».

Pero fue, asimismo, un gran trabajador, como él mismo recordaba: «Para comer necesité varios oficios. Primero fui carpintero, era muy curioso, hasta que me corté un dedo. Después compré un camión para el transporte de patatas y delincuentes».

Sorprende la última expresión pero también fue real pues, «fundamentalmente transportaba patatas pero un día me asaltó ‘El Argentino’, aquel sinvergüenza que había violado y asesinado a una niña en Villablino. Me vinieron muy bien los recursos del teatro pues aunque no me dejaba decir ni pío cuando nos pararon los guardias hice gestos de teatro y ellos cazaron la indirecta» y nos detuvieron unos kilómetros más adelante y pudieron llevar para la cárcel a aquel delincuente, que es donde mejor estaba». Y allí murió.

Irrepetible este Napoleón de Mataluenga, un paisano de esos que siempre se agradece tener como vecino.


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