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A la espera de lo que le manden

A LA CONTRAIR

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Fulgencio Fernández y Mauricio Peña | 16/12/2014 A A
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A la espera de lo que le manden
Claro que merece estar sentado, claro que merece ocupar un hueco en el bolso de su ama, clara que merece la atención del fotógrafo que pasa por allí, claro que merece la caricia de quien entre en el local, claro que merece eso... y más.

No olvides que cuando todo se tuerce él sigue manteniendo su cara de felicidad, que te mira, que busca tu caricia, la recibe como un regalo y responde con la generosidad que siempre lo hace «el mejor amigo...».

No olvides que cuando te parece que te quedas solo él sigue ahí, esperando a ver qué ocurre, mirando a ver qué quieres, escuchando a ver si le llamas. Atento.
Y si lo dejas ahí pues espera hasta que resuelvas lo que traes entre manos y regreses, lo cojas y te vayas con él. No te va a reprochar la tardanza, él siempre entiende tus problemas.

Y si alguien coloca un cartel de «perros no» bien visible en la puerta pues se queda afuera y espera. Y si alguien le llama vida perra a la mala vida hace como que no entiende. Y si alguien cierra el paraguas diciendo que hace un tiempo de perros pues se sacude cuando le caen encima las gotas que acumulaba el paraguas de quien se queja.
Bien merece asimismo, aunque no sea suyo, un escudo de armas que lleva el mismo apellido de aquel Alonso Quijano que fue un Quijote. Como él.
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