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¡A enmendarse!

¡A enmendarse!

OPINIóN IR

30/12/2019 A A
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¡A enmendarse!
Nevaba. Por mucho que lo ha intentado, no ha conseguido este cronista, en setenta años, quitarse de la cabeza aquella Nochevieja en el pueblo. Tendría unos seis o siete años cuando ocurrieron los hechos. Frente a la casona de los Sosa, en la que nació el padre Isla, delante mismo, a las doce en punto de la noche vieja, llega Estaban Piñón, minero en Vegamediana, soltero y entero, y apoyándose en su bicicleta para no caer comienza a gritar. ¡Año nuevo, vida nueva! ¡A enmendarse, cabrones! Padre abre la puerta y le dice: Venga, Estebones, entra en tu casa, que es hora de cenar.

Su madre comienza a llamarle, primero con cariño: Ven dentro, hijo. Que ya está la cena encima de la mesa y te vas a enfriar. Que hoy es noche vieja y te tengo unas sopas a la española, con un huevo caído en medio, como a ti te gustan. Pero Esteban, que al salir del turno de trabajo de la mina, se ha metido, como siempre, en un bar de Cistierna, y ha acogido una ‘pea’ pistonuda, no ceja en su prédica. ¡A enmendarse, cabrones!

Poco tiempo le concedería vivir la silicosis. Su casa ahora, con un corredor de madera, única muestra que queda en Vidanes de una arquitectura tradicional de la montaña, presenta la decrepitud del abandono. Nadie ha vuelto a vivir en ella. Es como si una maldición hubiera caído sobre aquella escena del minero solitario, incapaz de vivir aquella vida menguante que apenas si unos vasos de vino malo, tampoco muchos, fuera capaz de aliviar, permitiendo tan solo aquella válvula de escape de la Noche Vieja. ¡Año nuevo, vida nueva! A enmendarse, cabrones.

«He nevado tanto para que duermas» Reza al epitafio en la tumba del poeta Cesar Vallejo en el cementerio de Montparnasse en París. Se lo puso su mujer francesa, Georgette Filippart. En la tumba de Esteban Piñón, como en la de ninguna de aquellas gentes de entonces, no hay epitafio alguno. Para aquellos mineros que tenían que andar 10 kilómetros en su bicicleta sobre la nieve hasta llegar a casa en la cena de Nochevieja, unas sopas de ajo a la española, con un huevo caído en medio, probablemente todo el mundo era culpable, incluso ellos, y por eso lo que pedían era una enmienda general. Lo de, cabrones, cariñoso, era el único reducto de rebeldía. Y aquella nieve sigue cayendo aún.

Cesar Vallejo dice que «La historia no se narra, ni se mira, ni se escucha, ni se toca. La historia se vive y se siente vivir». No se borra nunca la imagen de Esteban Piñón.
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