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80 años de viaje subterráneo

80 años de viaje subterráneo

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Las piezas del Tesoro de Valdevimbre sobre el periódico de La Crónica  de 1925 y la nota manuscrita. Ampliar imagen Las piezas del Tesoro de Valdevimbre sobre el periódico de La Crónica de 1925 y la nota manuscrita.
Fulgencio Fernández | 02/12/2019 A A
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80 años de viaje subterráneo
Cultura El tesoro o el depósito de Valdevimbre, una de las joyas de los fondos del Museo de León que este mes de diciembre muestra como Pieza del Mes, esconde una curiosa historia de un doble descubrimiento y un viaje de 80 años envuelto en un viejo periódico del año 1925, La Crónica de León
Recuerdo que en la segunda etapa de La Crónica de León como tal cabecera, Luis Grau, ya director del Museo de León me sugirió un curioso reportaje, sobre El Tesoro de Valdevimbre: «Por su valor histórico, incuestionable; por el periplo que llevó hasta su donación definitiva con un viaje de 79 años y porque ‘reivindicas’ la historia de la cabecera del periódico, pues el año del descubrimiento se sabe porque las piezas estaban colocadas sobre un periódico de 1925 y ha llegado a los fondos del museo ahora, en 2004».

Este mismo ‘tesoro o depósito’ de Valdevimbre va a ser el protagonista de las últimas semanas del año en el Museo pues ha sido elegido como Pieza del Mes. El valor histórico, prehistórico, nadie lo cuestiona, basta acudir a la propia descripción que ofrece el centro ubicado en el viejo Pallarés para entenderlo: «El depósito consta de un conjunto de diez objetos de bronce: dos hachas planas, dos puñales de base claveteada, una sierra, un pequeño yunque de orfebre, la punta de una lanza con su regatón, un pequeño aplique en forma de bellota y un resto de escoria. Debió de ocultarse en torno al 1250 a. C., a comienzos del Bronce Final, quizá relacionado con el poblado cercano de Ardón perteneciente a la cultura de Cogotas I (Cultura hispana del Bronce Medio y Final)».

Lo curioso del conjunto es el largo viaje de casi 80 años desde su hallazgo en 1925 hasta su desembarco en el Museo en 2004. En el origen del viaje están dos breves noticias, una en la prensa local y otra en una revista astorgana, recogen el descubrimiento de un conjunto de piezas prehistóricas halladas en Valdevimbre en el año 1925. Y se pierde la pista.

Un estudio sobre el viaje del tesoro firmado por el leonés Jesús Celis, G. Delibes, J. Fernández Manzano y el ya citado Luis Grau recuerda como «en los primeros días del mes de mayo de 1925 Jacinto Mateos se encontraba trabajando como peón en las obras de construcción del camino vecinal que habría de unir Valdevimbre con su pueblo, Fresnellino del Monte. (...) La siguiente picada la emprendió con tal rabia que la tierra se abrió en un inesperado agujero. Parte de la cuneta se vino abajo y quedó al aire una pequeña cueva, como la madriguera de un zorro. (...) Sacó la navaja y separó la tierra arcillosa de una de ellas, arañando con el filo la piel de la extraña piedra. El primer brillo dorado que surgió de la limpieza bastó para convencer al capataz y al obrero de que acababan de toparse con un tesoro».

Y lo era. Los dos personajes eran el citado Jacinto, de 20 años, y José Recio, el capataz, con la inevitable discusión de quién era el descubridor. Debió ganar el capataz pues fue él quien se lo regaló al boticario y juez de paz del pueblo Luis García Garrido. Milagrosamente se ha conservado una nota manuscrita: «D. Luis saviendo tiene usted interes por los ocjetos encontrados en la escabacion de la Carretera se les mando i regalo para que si le sirven para algo aga el uso que quiera dellos. S. Sm. S S. José Recio».

Una hija de Luis García, Inés García Tabares, tuvo una tienda de antigüedades en Valencia de Don Juan. Al morir en el año 2000, los herederos se hicieron cargo de la casa en que vivió procediendo a liquidar la herencia, en la que había numerosas antigüedades principalmente mobiliario) que vendieron a anticuarios del propio Valencia de Don Juan. Fue entonces cuando, inventariando el contenido de las habitaciones descubrieron debajo de la cama una caja de hojalata, con el tesoro y un periódico en el que el abuelo «mostraba su intención de donarlo al Museo». Así se hizo Fin de viaje.
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