24 de enero, Día de la Educación

24 de enero, Día de la Educación

OPINIóN IR

04/02/2021 A A
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24 de enero, Día de la Educación
Domingo, 24 de enero de 2021. Hoy se celebra el Día Internacional de la Educación en el mundo. La Organización de las Naciones Unidas dedica esta fecha a concienciar a todo el planeta de la importancia de la educación porque ayuda a erradicar la pobreza y el hambre, contribuye a mejorar la salud, promueve la igualdad de género y puede reducir la desigualdad. En fin, la educación mejora la sociedad. Este día, en el pico más alto de la tercera ola de pandemia, es el momento ideal para semiconfinarme en casa meditando y escribiendo sobre la evolución de la educación en mi experiencia profesional.

Parece mentira la evolución que ha sufrido el mundo educativo desde los años ‘cincuenta’ que yo empezaba a ir a la escuela de mi pueblo hasta hoy. Increíble el cambio. Recuerdo aquel cabás, pequeño baúl con asa, para llevar al colegio el material escolar: la enciclopedia Álvarez, la pizarra y el cuaderno con lápiz, palillero y pluma para cargar en el tintero. Recuerdo también aquellos tinteros que encajaban en un hueco en el medio del pupitre y daban servicio a dos alumnos. La llegada al final de los ‘cincuenta’ de los bolígrafos Bic fue toda una revolución. Un brasero de leña intentaba calentar la escuela sin conseguirlo. Los pueblos tenían un maestro o maestra unitaria que atendía a alumnos de todas las edades, de seis a catorce años. La pedagogía del momento se basaba en que «la letra con sangre entra». Yo creo que se ha exagerado mucho esto, pero es verdad que el maestro solía soltar la mano con facilidad. También los padres lo hacían. Un tortazo en el momento oportuno era la mejor solución. Lo entendíamos y hasta resultaba raro que después de una indisciplina no recibiéramos la medicina apropiada. No conocí a nadie traumatizado por eso.

Después, mucho después, en los años noventa llegaron los ordenadores y los teléfonos móviles. Hoy ya no hay ni un aula sin pantalla, cañón y ordenador. Han desaparecido hasta las máquinas de escribir. La tecnología ha avanzado una barbaridad, pero los alumnos no saben más que antes. El nivel de conocimientos en matemáticas, lengua, historia o ciencias naturales de un alumno en los ‘ochenta’ era superior al actual. Es verdad que en otras materias como idiomas o informática no hay color, pero los exámenes de COU que finalizaron en el año 2001 eran más exigentes que la Selectividad actual. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Dónde ha estado el problema? Con todos los medios y todas las ventajas a su alcance las generaciones actuales han bajado el nivel de preparación. Podríamos encontrar muchas razones, pero yo me centraré en dos: parafernalia burocrática y asalto de los padres.

He visto en el siglo XX a los maestros y profesores sacar del aula a sus alumnos a coger cangrejos o pescar truchas en Santibáñez de Porma, a ver una mina en Fabero, seleccionar plantas y hojas en el campo, recoger setas o castañas, analizar calas o playas en Tarragona, ensayar obras de teatro, organizar conciertos, salir a la montaña, recorrer el Delta del Ebro, visitar fábricas o empresas, incluso centrales nucleares. La lista sería interminable. Hoy esto sería imposible. Tendríamos que hacer un escrito de solicitud de autorización de salida y tener respuesta. Estaríamos obligados a informar de los peligros de la salida a los padres y tener su autorización. Por supuesto, tendría que constar la actividad en la Programación Didáctica, con sus objetivos y su evaluación. Y todo ello con suerte de no tener ningún contratiempo. En caso de accidente, aunque sea un simple rasguño, si todos los papeles están en regla podrás librarte de la sanción o suspensión de empleo, de lo contrario ponte en lo peor. La parafernalia burocrática desalienta y disuade a los profesores de organizar actividades. Nos pasamos la vida con papeles, perdiendo el tiempo que deberíamos dedicar a los alumnos. La administración ha hecho de los profesores puros muñecos mecánicos que cumplen una normativa absurda impuesta por personas que nunca han dado clase.

En los años setenta y ochenta jamás los alumnos iban con quejas a los padres del maltrato que les daban los profesores porque los padres no les hacían ni caso o se ponían de parte de los docentes. A partir del siglo XXI los padres han asaltado los centros escolares y han echado por tierra la autoridad de los profesores y sin ella es imposible poder educar. Es cierto que no se debe generalizar esta afirmación, pero un gran número de padres hace caso a su hijo cuando llega a casa quejándose de que no le ponen las notas que merece porque le tienen manía los profesores, le mandan amonestaciones por fumar, por pintar las mesas, por llegar tarde, por pelearse en el patio cuando todos hacen lo mismo y a los demás no les penalizan. No sólo creen a sus hijos, sino que llenan de protestas a los directores de colegios e institutos e incluso a los inspectores de educación. Para esos padres su hijo siempre tiene razón porque es perfecto y está muy bien educado. Me daba pena de ellos cuando les demostrábamos la evidencia de su error. Al final de curso, en el despacho del director, la carpeta de denuncias estaba llena. Recuerdo a una madre que se quejaba airadamente porque en el centro maltratábamos a su hijo de tercero de ESO por dejarle castigado en ‘el aula de trabajo’. Estos eran los partes de los profesores: «dejó colgado por la sudadera en la percha de clase a un niño de primero durante todo un recreo y escupió desde lo alto de la escalera a los compañeros cuando subían». Como el hijo aseguraba que era mentira, ella subía el listón de sus quejas y amenazaba con denunciarnos a la inspección. Los compañeros de grupo bajaron a testificar los hechos y su hijo no tuvo más remedio que reconocer su mentira. El trago fue duro para la madre porque «se le cayeron los palos del sombrajo».

Confieso que he vivido con una definición de Educación de la me han cambiado todas las letras y en este día pienso en los jóvenes que deberán liderar este cambio educativo. Les dejo esta moraleja de viejo luchador: «Sólo si padres y profesores van unidos, y en la misma dirección, pueden tener éxito en la formación y educación de los niños».
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