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1979: Los primeros de la Democracia

1979: Los primeros de la Democracia

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Abril de 1980. Arriba, el Ayuntamiento de León, presidido por Juan Morano, vota a favor de la unión de León con Castilla. | FOTOS DE CÉSAR EXTRAÍDAS DE 'CRÓNICA DE UN COMPROMISO', DE MIGUEL CORDERO DEL CAMPILLO Ampliar imagen Abril de 1980. Arriba, el Ayuntamiento de León, presidido por Juan Morano, vota a favor de la unión de León con Castilla. | FOTOS DE CÉSAR EXTRAÍDAS DE 'CRÓNICA DE UN COMPROMISO', DE MIGUEL CORDERO DEL CAMPILLO
Isabel Herrera | 09/05/2015 A A
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1979: Los primeros de la Democracia
Elecciones municipales al Ayuntamiento de León La lista del PSOE, encabezada por Pérez de Lera, fue la más votada, pero la impugnación de cuatro mesas colocó a Morano como alcalde
El 27 de enero de 1979 el Boletín Oficial del Estado (BOE) convocaba las primeras elecciones municipales democráticas a celebrar el martes 3 de abril de ese año. La campaña arrancaba el 12 de marzo, 21 días de papeletas, banderolas, debates radiofónicos (todavía no había televisión local) y, sobre todo, de campaña en la calle.

Seis partidos se disputaban la Alcaldía de León que, en ese primer mandato de la democracia contaría con dos alcaldes, uno del PSOE durante apenas medio año, Gergorio Pérez de Lera, y otro del PP, Juan Morano.

Al hablar con los protagonistas de entonces la política recupera la dignidad que en los tiempos que corren cuesta encontrar. Les brillan los ojos al recordar aquellos tiempos, y no escatiman palabras de respeto hacia sus opositores políticos. Hablan de ilusión, de caballerosidad, se definen unos a otros como ‘señores’ y ‘señoras’ y vuelven a sentir cómo les hervía la sangre en aquella primavera del 79, la del debut de la democracia, la que acabó con 40 años de municipios gobernados por representantes asignados a dedo por el Ministerio de Gobernación o el gobernador civil.

Fue la campaña de López de Lera, Morano, Roberto Merino, José Panero, Maxi Barthe, María Dolores Otero... y tantos otros. Alguno todavía sigue en política, como el regidor Morano [Juan Morano falleció el 5 de mayo de 2018; este reportaje se publicó en mayo de 2015], que terminó militando en el PP aunque manteniendo el espíritu independiente de otra época, una etapa en la que las ideas estaban por encima de las siglas.

Recuerda que la legislatura de 1979 su partido, UCD, llevaba como principales apuestas las creación de zonas verdes en León y la limpieza de la ciudad. No había dinero y se hizo lo que se pudo. «Se hicieron muchas cosas, se puso en marcha el mercado de ganados; se hizo el Parque de los Reyes (que hasta entonces era un mercado); el Jardín de San Francisco; el Parque de Quevedo; se limpió el río, que hasta se celebraron allí campeonatos de España de regata; se urbanizaron polígonos como Las Eras, la Chantría...; se modernizó la Policía Local... Fue un cambio muy grande para la ciudad», aquella era otra forma de hacer política, sostiene, «y eso que goberné siempre en minoría, siempre con pactos, y me fue muy bien, nunca eché en falta la mayoría, en mi opinión las mayorías no son nada buenas».

Gobernó en minoría y, concretamente, aquel mandato con un equipo de Gobierno peculiar, al menos visto desde la distancia, pues regía entonces la Ley 39/1978 de 17 de julio de Elecciones Locales –que sería modificada por la Ley Orgánica 6/1983– que establecía que el equipo de Gobierno, denominado entonces comisión permanente o comisión de Gobierno, «se compondrá del alcalde, más un número de concejales equivalente al tercio del número legal de concejales. [...] El alcalde ostentará la presidencia de la comisión permanente. Los puestos restantes se atribuirán a cada lista proporcionalmente al número de concejales que haya obtenido [...].». Prácticamente impensable a día de hoy.

Recuerda Maxi Barthe, que iba de número ocho en la lista del PSOE –la más votada en aquellos comicios y, durante unos meses, la que gobernó en coalición con el Partido Comunista de Roberto Merino– que es cierto que «te daban las cosas menores, pero era obligatorio dialogar, negociar» entre todos los grupos.

Tuvieron que aprender. A ser alcaldes, a ser concejales, a construir la democracia en León. «No había ni un sólo asesor... el alcalde tenía dos secretarias que eran funcionarias del Ayuntamiento; el chófer, fue el mismo para todos los alcaldes; el alcalde no tenía sueldo; no había ni un sólo concejal con dedicación exclusiva. De hecho, las comisiones y plenos se celebraban por la tarde, cuando la gente salía de sus trabajos. Cobrábamos de asistencias a plenos y comisiones unas 30 o 40.000 pesetas al mes y, ese dinero, iba todo para el partido, no llevábamos un duro a casa de la política», explica Barthe que, sin embargo, coincide con Morano en la ilusión con la que se vivía el ejercicio público y el respeto que había entre los miembros de la corporación.

De lo que pasó con aquellas mesas electorales que dieron un vuelco al signo político de la Alcaldía de León sí que guardan recuerdos distintos. Detalla Pedro Víctor Fernández en su libro ‘La transición en León (1973-1982)’ que las irregularidades se produjeron en: «Mesa 1ª, sección 5ª, en el Instituto La Palomera: dos personas votan dos veces. Mesa del Ejido: se retrasó una hora la constitución de la mesa. Mesa del Colegio Quevedo: no coinciden los números de votos con los votos obtenidos por cada candidatura. Mesa de las Asuncionistas: no se reflejan en el acta los 13 votos nulos.»

El 3 de abril ganó la izquierda. El PSOE de Pérez de Lera fue la lista más votada (17.332 votos, 10 concejales), seguida de UCD (17.293, 10 concejales), Partido Comunista (4 concejales) y Coalición Democrática (3 concejales). El PSOE pactó con el PC para designar alcalde: Gregorio Pérez de Lera. Pero se repitió la votación en estas cuatro mesas, «algo impensable poco después», dice Barthe, y UCD planteó muy bien su estrategia: tenía votos suficientes sin estas mesas para mantener los diez concejales así que animó a sus votantes, explica, a votar por Coalición Democrática que arrebató un concejal al PC y, pactando con UCD, elevó a Morano como alcalde.

El ‘alcalde de las flores’, recuerda el propio Morano que le llamaban algunos por su dedicación a los jardines. Todo ello, entre nostalgia y orgullo.
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