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Versión dominguera de canción protesta

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02/07/2017 A A
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Versión dominguera de canción protesta
La más cruel de mis ex novias me resumió lo feliz que vivía ahora sin mí durante una corta pero incómoda conversación nocturna que zanjó preguntándome: «Y tú, ¿qué? ¿Sigues escribiendo esos artículos sin interés y con erratas?». La siguiente ex novia en la clasificación de la crueldad, que como es lógico quiere auparse al liderato, me confesó que algo sabía de mí por esta columna, a la que se refirió como «esa especie de canción protesta dominguera que haces tú». No consigue ser líder de la crueldad porque sólo me ofendió lo de «dominguera» (podía haber dicho dominical, ¿no?) ya que, como me conoce bien, sabe de mi pasión por la canción protesta, desde los tiempos de Kortatu a los inmensos Violadores del Verso. Ningún otro género musical envejece tan bien como la canción protesta. Mucho mejor que las ex, por lo general. Los leoneses lo pudimos comprobar esta semana escuchando a Los Ilegales en la Plaza Mayor, con letras como «Europa ha muerto» o «jóvenes cantantes hacen el ridículo en viejos festivales como Eurovisión». También cuando uno escucha La Polla Récords tiene la sensación de que las letras no se escribieron en los ochenta, sino que hablan de Luis Bárcenas y su reparto de sobres. La conclusión podría ser que los letristas de la canción protesta fueron unos auténticos visionarios, pero la realidad es más cruel que una ex novia resentida: aquí lleva demasiado tiempo ocurriendo exactamente lo mismo. Muchas de las injusticias que se denunciaban en los ochenta, cuando se escribieron esas canciones que tanta rabia destilaban, siguen ahí, indemnes a los gritos y a los versos, presentes en cada estrato de nuestra sociedad, nuestra economía y nuestra política... con una salvedad: los políticos, hoy, pueden conservar la maldad de algunos de los protagonistas de aquella época, los que fueron dianas de la ira punk, pero no tienen la habilidad de los de entonces. La inundación del valle de Riaño, de la que se cumplen estos días 30 años, es un buen ejemplo de la maquiavélica determinación de aquellos políticos que llevaron la joven democracia no sólo por la alfombra roja de las Cortes Constituyentes, sino también por los ayuntamientos de los pueblos. (Faldón publicitario: este periódico ofrece a sus lectores el próximo domingo el documental ‘Mi valle’, que relata de forma magistral todo lo ocurrido). Rescatar un proyecto al que había renunciado el mismísimo Franco, compensar a una compañía eléctrica generándole más caudal en la provincia de Zamora gracias a la anegación de un valle de la montaña leonesa a cambio de que no construyera una central nuclear en el País Vasco en medio de las negociaciones con ETA y desorientar a la opinión pública enfrentando a los montañeses con los del secano prometiendo un futuro de regadíos que tres décadas después no se ha desarrollado ni siquiera a medias no es, precisamente, una estrategia fácil de llevar a cabo. Para poder hacerlo, a parte de un auténtico villano (más cuanto más socialista, como era el caso), hay que ser muy hábil, tanto que en la actualidad no se podría encontrar ningún político capaz de ejecutar un plan así. Hoy las teorías conspirativas se te desploman en cuanto tienes delante al presunto estratega y compruebas que no es capaz siquiera de disimular su mediocridad. Ahí están el torpe desmantelamiento de la minería o el cansino referéndum catalán para demostrarlo. Esto es lo que pasa cuando empiezas hablando de ex novias: que se te va de las manos.
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