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Traer del pueblo

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12/12/2014 A A
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Traer del pueblo
Aún recuerdo como, con lágrimas en los ojos, el pequeño Julito miraba con deseo cómo le crecían chorros de plastilina a mi muñeca de Play Doh. Probablemente muchos de los que han crecido en los noventa recuerden a ‘Mis peinados preferidos’ porque reunía todo lo que un niño en aquella época podía desear: la tecnología de la plastilina, capaz de crear auténticas obras de ingeniería que, alguna mamá descuidada aún recoge detrás del sofá cuando hace limpieza general.
Julito era un macho de nueve años que, como todos, quería girar el brazo de mi Play Doh para que le creciera el pelo y que, cuando llegó la hora de escribir la carta a los Reyes Magos, no encontró ofensa a pedirse la dichosa muñeca. Pero su mamá, que era de esas de la educación por delante, le dijo: «Cariño, tu eres un niño y los niños no juegan con muñecas». Casi veinte años después, recuerdo que me pareció algo tan estrambótico como ‘Los chicos no lloran’ del muy masculino Miguel Bosé, pero en versión mini. Solo sé que ya por aquel entonces, me quedé sorprendida y triste porque a Julito le fueran a fallar tan pronto los altísimos de Oriente por tamaña gilipollez. Fíjense que por Navidad la realeza siempre dejaba en mi casa algún coche, unos soldados de guerra o un camión de bomberos. Lo intentaban conmigo, pero yo era un caso perdido: o me daban las cocinitas y las muñecas con curvas imposibles, o pasaba de todo. ¡Qué mal repartido está el mundo!
El caso es que el otro día leí que la cadena de jugueterías Toy Planet acaba de sacar su catálogo de Navidad con niños empujando carritos de bebé y niñas montadas en quads. No pude evitar sonreír. Que los juguetes siguen siendo una de las cosas más sexistas que existen, pero oye algo es algo. Y puestos a pedir, que este 2015 cada uno juegue con lo que le dé la real gana.
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