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Editorial

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La Negrilla

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A pie de calle

Pep Altaïr

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12/12/2014 A A
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Pep Altaïr
Inauguro mi segundo año en La Nueva Crónica, cuyo aniversario nos dejó el sabor dulce del periodismo de cercanía, cuando recibo desde la amada Barcelona el convite para el 35º aniversario de la revista Altaïr, fundada en 1979 en un pequeño local de la calle Riera Alta, convertida al cabo de siete lustros en revista de viajes de referencia en Europa, renovada ahora en Altaïr Magazine, que tiene ya más de 30.000 lectores en 139 países.
He seguido como lector y colaborador el milagro de Altaïr con la devoción que el filósofo Savater pedía al viajero, «el mapa nos convoca a la aventura», compartiendo el pulso a la vida de su editor y fundador, mi amigo Pep Bernades.
Un mal paso en un quirófano dejó a Pep inválido: el viajero impenitente, de pronto en silla de ruedas, en plena madurez, en el mejor momento de su vida. Aquella nueva perspectiva del mundo, de repente los ojos a un metro del suelo, y el coraje del león en invierno, dieron a Pep fuerzas para… ¿pero de dónde salen la voluntad y el tesón, la capacidad de sobreponerse y plantarle cara al destino, de convertir la desgracia en energía positiva y reafirmar el valor de la vida y del ser humano?
Pep tiene dos hijas estupendas, preparadas para tomar el relevo: «Lo peor de todo fue el miedo que pasé con esas dos diablillas derrapando con la silla de ruedas por los pasillos de casa…», me confesó un día, la sonrisa ancha, los ojos chispeantes de emoción. El que tantas veces pateó los montes del alto Aragón y el Pirineo, y ahora se apoya en dos muletas y un torrente de voluntad, me escribió un día: «Ahora me puedo tumbar cómodamente junto a un riachuelo observando a las nutrias y sus piruetas, gozar de la fragancia del matorral reseco, devorar un librote mientras los demás resoplan…».
Vinieron años de rehabilitación, aprendiendo y arrimando el hombro a la Fundación Step by Step (paso a paso) para la recuperación de lesiones medulares, sin dejar de escaparse al Rif y a la medina de Chaouen, donde medita y escribe a lápiz en una libreta flexible de hojas bien cosidas: he ahí el viajero.
En tu honor, Pep, escucho los versos de Cavafis y bendigo tu camino y el de Altaïr, lleno de aventuras y de conocimientos, pues sabemos que Ítaca, pobre y desnuda, nos regala un largo viaje.
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