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Las bondades de la Navidad

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17/12/2014 A A
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Las bondades de la Navidad
Siempre cuenta una amiga que fue en Nochebuena cuando el quiosquero de toda la vida le regaló una bolsa de ‘Risketos’ porque al ir a pagar cayó en la cuenta de que no le llegaba con las monedillas que llevaba en el bolsillo. ¿Qué tendrá la Navidad? Todos hemos experimentado alguna vez las bondades de la raza humana en esas fechas. Prometo que un buen hombre llamó a mi puerta a finales de diciembre para devolverme un USB que había perdido en el supermercado y también que al abrir la puerta con cara de «lo siento, no compro nada» casi se me cae al suelo al verlo sostener en la mano mi ‘pincho’ con forma de conejo. «Lo traje porque tenías la matrícula de la Universidad y algunos trabajos, cosas importantes», dijo.

Parece que con la Navidad a la vuelta de la esquina nos volvemos mejores personas: qué le puede venir bien a mamá, este libro es perfecto para él o este año ayudo a preparar la cena. Compramos lotería, por si toca y tapamos algún agujero, también porque hay que ayudar a la hija de Rita que se va de viaje de estudios a Roma. Hasta nos resulta entrañable que Ramón García y Ana Obregón vuelvan a la televisión. Incluso alguno se anima y se entrega a alguna causa social.

Bueno, y también a la familia. Sí, a la familia… Para lo bueno y para lo malo –aquí cada uno que imagine lo que quiera–, pero es legendario que, como El Almendro, muchos vuelven a casa por Navidad y brindan con sidra El Gaitero por los reencuentros. Porque es indiscutible la necesidad de estar en casa o de sentirse como en casa, esté uno donde esté. Fíjense que hace unas semanas me decía una amiga que acaba de traer al mundo a Noa: «Solo espero que nazca antes del día 24 para poder estar en casa los tres juntos». Pero, ¿qué pasa con los que se han ido y cenan solos? Probablemente se vayan pronto a la cama y se acuerden de la maldita «movilidad exterior». A ellos y a todos los demás: ¡Feliz Navidad!
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