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La música buenísima, y los paisajes...

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Fulgencio Fernández | 20/03/2017 A A
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La música buenísima, y los paisajes...
Fútbol / Segunda División B Contracrónica | La tarde más bella y entregada de la grada en un partido ‘normal’ de liga no encontró la guinda de un buen partido de fútbol o, cuando menos, una victoria
Cuando escucho a dos expertos en cine hablar de una película y se me meten por los vericuetos de una banda sonora espectacular y unos paisajes impresionantes me echo a temblar. El tío Buitrón era contundente al cortar el éxtasis: «¿Pero esa película la pondrían en el Alsa?».

Lo que pasa es que yo no puedo preguntar esas cosas porque estoy en la sección de Cultura y no veas lo que me llamarían los poetas con bufanda y los que van a cortarse las puntas a Julián. Pero me quedo con ganas.

Pues ya os aviso, del partido del Racing os tengo que hablar de la música y los paisajes que, dicho sea de paso, fueron espectaculares, porque de fútbol no vi gran cosa, un «¡¡¡uy!!!» de Julen Colinas al cielo y adiós. Le dejo a Coca la tarea de hurgar en los recuerdos a ver si encuentra alegría que llevaros a la boca. Que la encontrará.

Y la verdad es que la cosa había empezado bien. El Húmedo hizo caja, el Romántico cariño, los restaurantes le dieron salida a la alubia (que La Bañeza también existe) y las calles que dan al campo me llevaron a aquel nacimiento a la fe culturalista de los Ovalle, Villafañe, Marianín... cuando bajábamos riadas de guajes por los soportales de Santa Ana soñando glorias, paisanos con farias y gentes de todos los pueblos que se citaban de un domingo para otro. La última copa de coñá en el Bar La Puentecilla, una mirada al Marcador Simultáneo Dardo y a llenar el graderío.

Bufandas del Racing, culturalistas de siempre que le explican a los nuevos que «De la Barrera es un estudioso del fútbol», «¿cómo Lillo?», «no exactamente». Y en el aparcamiento una joven madre con su niño en el carrito de bebé y la camiseta de Munitis —os lo juro— que le manda darle «un beso a papá». Ella se lo regala. «Suerte».

El campo está lleno de caras nuevas (al margen de las del Rácing, que están enfrente) por más que en el ascensor suba con el número 1, Lamberto, «cara eterna». Vino Lino desde Laciana, «hacía 20 años que no bajaba pero se pusieron atorrantes, hablan como si fuera la Holanda de Cruyff», Mariano El Vasco de Coladilla vuelve al redil con su hijo, que le perdona las broncas que le echa en verano cuando juegan juntos a los bolos. El chaval está más tranquilo que cuando irrumpe en un mitin de Herrera para decirle a pecho descubierto que haga algo por la minería. Hasta el director de esta casa convenció al grande López, que no es muy de la causa, con argumentos futbolísticos a los que al descanso ya renunciaba. «Mira qué ambiente hay en la grada».

Lo que os decía, una gran banda sonora y muy buena fotografía.

Y eso que la tarde se metió en tono poético y entrañable cuando el campo recibió a los padres y abuelos de jugadores, a esos a los que tanto les deben pues no hay chaval de estos que saltan al césped que no hayan tenido a su padre (y madre) y a su abuelo pelando la pava en la orilla de cualquier campo de vaya usted a saber qué tierra cuando eran alevines, infantiles... Bien lo merecen, te lo digo yo.

Y ahí se acabó casi todo lo bonito. Los padres volvieron a la grada, la tarde de julio, las banderas al viento de campo inglés, los nuevos espectadores pensando en lo que se estaban perdiendo, Antonio Martínez haciendo de ‘amo del prao’ con esos gestos de pedir todos los balones, un casi, un ¡uy!, la madre con la camiseta de Munitis feliz...

Y el niño impertinente de la mano de su padre: «¿Papá, por qué somos de la Cultu?». El padre le mira como diciendo, «anda que si lo preguntas hoy».
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