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La buena crianza del gusano

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Toño Morala | 20/03/2017 A A
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La buena crianza del gusano
Historias La seda. ¡Qué ganas tenía de escribir sobre la seda! La fascinación por la naturaleza y todo ese entramado de vida; los ciclos vitales, la forma de repartirse la sobrevivencia, la comunicación entre el ser humano y todo lo que le rodea
Qué inmensa inteligencia la del ser humano y los seres vivos que le rodean para servirnos unos de los otros sin apenas hacer daño; pero eran otros tiempos los que guardaban los secretos para perdurar, la paciencia por lo bien hecho, y el interés por aprender cosas despacio y con la atención debida, el resto venía solo, como mandado por algo que nuestra mente nunca pudo entender. La naturaleza, esa sabiduría tan inmensa que guarda, que retiene, que comparte, que regala… esa belleza que tienen la inmensa mayoría de animales y plantas, y que todos los sentidos se ponen a trabajar para entender que los unos sin los otros, no estaríamos aquí. A veces, animales tan inmensamente pequeños pueden dar tanto, que muchos de nosotros no sabemos valorar, no sabemos rendir cuentas con todo lo que nos rodea, y casi nunca agradecemos a la naturaleza todo el bien que nos hace y todo el mal que nos quita; ahí está una de las claves de permanecer del ser humano. Y uno de esos animales diminutos y pequeños, es hoy el protagonista de este espacio. El gusano de seda, la seda; aquellos paños maravillosos que antaño y ahora se ponían mujeres y hombres para solazar la belleza, y para otros usos que iremos descubriendo a lo largo de esta narración. El comienzo de la historia tiene que ver, como casi siempre, con la observación del medio natural por los más aventajados, y que en este caso hubiera o existiera una serie de confluencias de todo tipo, desde el clima, hasta el medio de cultivo salvaje o cultivado por los sedentarios cuando dejaron de ser nómadas.

Hay que tener mucha imaginación y estar al tanto para darse cuenta que de un diminuto capullo de gusano de seda, sale una fibra muy valiosa para miles de cosas. La paciencia, creo que aquí sí tuvo mucho que ver; aquellos trabajos preparatorios para manejar a esta pequeña mariposa que se convierte en gusano y entrelaza su riqueza y la deja al alcance de las manos sabias de los criadores. Según la tradición china, la historia de la seda comienza con la cría del gusano ‘bombyx mori’ por el hombre para la obtención de seda hace unos 3400 años a. C. Prosigue durante tres milenios de exclusividad durante los que China exporta este tejido precioso sin revelar jamás el secreto de su fabricación. El arte de fabricar seda se transmitió después a otras civilizaciones gracias a mercaderes, bandidos y espías de todo tipo, así como también por monjes o diplomáticos. Una vez llega a Europa Occidental a finales de la Edad Media, la producción de seda alcanza la fase de industrialización a partir del siglo XIX. Luego sufrirá una importante decadencia, relacionada con el rápido desarrollo de la fabricación de este tejido en ciertos países de Asia y con las epidemias que afectaron a los gusanos de seda en Francia. La seda ha permanecido durante tanto tiempo como un misterio que las numerosas civilizaciones que la descubrieron, en especial gracias a las rutas de la seda que recorren Eurasia, inventaron numerosas leyendas al respecto. Por ejemplo, las leyendas persas dan cuenta de la aparición de la primera pareja de gusanos de seda, surgidos del cuerpo de Job. Por otra parte, los escritos de Confucio y la tradición china cuentan que un capullo de gusano de seda cayó en la taza de té de la emperatriz Leizu. Al intentar sacarlo de su taza, la joven de catorce años empezó a devanar el hilo del capullo. Tuvo entonces la idea de tejerlo. Tras observar la vida del gusano de seda a instancias de su marido, el Emperador Huang Di, empezó a enseñar a su corte el modo de criarlos, la sericicultura. Desde ese momento, la joven permanecerá en la mitología china como diosa de la seda… ¡qué bonito!

A pesar de que la seda fue exportada muy pronto a países extranjeros, la sericicultura fue siempre un secreto cuidadosamente guardado por los chinos. Los otros pueblos tuvieron que inventar diversos orígenes para este maravilloso tejido. Así, los romanos, grandes admiradores del tejido, estaban convencidos de que los chinos obtenían el hilo de las hojas de los árboles. El conocimiento que en el Imperio Romano tenía de la seda china, resaltaba sobre todo lo imaginario, el secretismo y lo exótico. En un principio, los romanos se imaginaban que la seda era el producto de una especie de árbol de lana y que estos «seres (de Sericum) bebedores de agua», vivían hasta los 200 o los 300 años. Eso es por ejemplo lo que afirmaba Plinio el Viejo en su Historia Natural o Virgilio en las Geórgicas. Ya conocida en tiempos del Imperio Romano, la seda seguía siendo un tejido caro y escaso. Las industrias de seda bizantinas de Grecia y Siria, así como árabes en España entre los siglos VIII al X, proporcionaron una mayor abundancia de esta materia prima. La devanadera, derivada de la industria de la seda, aparece en múltiples formas. La rueda para canear se extiende; aparece su primera representación en una vidriera de Chartres. La urdidora dentada sustituye a la urdidora de pared, a la vez que la rueda para bobinar de la que hay representaciones en las vidrieras de Chartres y en el fresco de la Kunkelhaus de Colonia (hacia 1300). La seda en España tuvo una importante producción en la zona mediterránea española (Valencia y Murcia) a partir del siglo XV. Continuó siendo una industria importante durante la Edad Moderna, con un auge en el siglo XVIII, y en la contemporánea, modernizándose el proceso de producción a mediados del siglo XIX, introduciéndose sederos franceses (Boix Jacquet en Gandía, 1865, luego comprado por Lombard). La crisis de muchos sectores industriales que no pudieron competir con el mercado internacional produjo su decadencia a partir del último cuarto del siglo XX.

Las técnicas de cría de gusanos de seda y de manipulación del capullo del gusano han variado poco con los años. Será la técnica china la imperante. De todas formas, se han incluido como base de la dieta del gusano, piensos artificiales con base de moreras, pero los resultados del producto son muy deficientes. La larva del gusano, de apenas dos milímetros de largo, crece durante 5 ó 6 semanas alimentada por hojas de morera en su variedad, alba generalmente, hasta que alcanza una longitud de entre 7 y 8 centímetros. Las temperaturas no pueden bajar de los 20 °C ni superar los 35 °C. En instalaciones industriales de gran producción se cría a temperaturas superiores a los 40 °C, con elevados índices de humedad para favorecer el rápido desarrollo. Se colocan en jaulas expresamente dedicadas a tal fin. Tras la cuarta muda, el gusano confecciona el capullo o crisálida con seda que expulsa por un orificio situado en el labio inferior. Para la elaboración del capullo se colocan fardos o haces de ramas secas de morera. Como el proceso de transformación de la crisálida dura unos 20 días, a los 10, los agricultores recogen los capullos y mediante vapor de agua ahogan al animal y secan de nuevo el capullo. Después los capullos se introducen en agua caliente a unos 90 °C y tras esto se comienza el devanado. Este es ya un proceso industrial. Y sí que tiene usos la seda; la buena absorción de la seda hace que sea cómodo de llevar ropa elaborada con este tejido en climas cálidos y en situaciones de actividad física. Su baja conductividad mantiene el aire caliente cerca de la piel durante el tiempo frío. A menudo se utiliza para elaborar prendas de vestir como camisas, blusas, vestidos, ropa de alta costura, negligés, pijamas, batas, trajes, vestidos ligeros y ropa interior. La elegancia de la seda, su suave lustre y hermosa caída la hacen perfecta para algunas aplicaciones de amueblado. Se usa para tapicería, paredes, tratamientos de ventana (si se mezcla con otra fibra), alfombras, ropa de cama y tapicerías murales. La seda también se utiliza para la fabricación de paracaídas, los neumáticos de bicicleta, para llenar los edredones y cientos de cosas más. Los primeros chalecos antibalas fueron fabricados con seda en la era de la pólvora hasta aproximadamente la I Guerra Mundial. Un proceso de manufactura especial consigue hacerla adecuada como sutura quirúrgica no absorbible por el organismo. Doctores chinos la han utilizado para hacer arterias protésicas. El paño de seda también se puede utilizar como un material sobre el que escribir. Tela con la seda… nunca mejor dicho…
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